viernes, 18 de enero de 2008

Recorrido amoroso por la lírica española








RECORRIDO AMOROSO POR LA LÍRICA ESPAÑOLA :

DE LAS JARCHAS A FEDERICO

Conferencia pronunciada por
JOSE S. CARRASCO MOLINA
7 de mayo de 1998

La literatura es el arte de conseguir la belleza a través de la palabra. Es , en primer lugar, un hecho estético, un producto bello de la mente humana, un objeto de la creatividad, cuyo fin primero es el de producir un placer estético gratuito.
Sin embargo, la literatura es algo más que un juguete que nos gusta y entretiene, la literatura no es un entretenimiento superfluo, sino esencial. Plantea directa o indirectamente los temas esenciales, da respuestas a esas cuestiones centrales que todo hombre o mujer se plantea según palabras de Magdalena Velasco Kindelán .

La función de la Literatura viene definida desde sus orígenes por la tensión dialéctica entre los conceptos horacianos de lo dulce y lo útil. En una buena obra literaria , las dos notas de placer y utilidad , no sólo coexisten, sino que se funden. Podríamos preguntarnos qué es más importante en ellas, si la belleza o la utilidad. Indudablemente, a mi entender, la Literatura se define por su dimensión estética. .
Pero toda obra literaria, junto a su componente estético, encierra una determinada concepción de la vida. La obra literaria ilumina, aunque sea parcialmente, la realidad, pues la verdad y la belleza son fuente de luz y de comprensión.

La obra literaria es un universo clausurado al cual se nos permite la entrada mediante el simple requisito de saber leer, extender la mano, tomar el libro y dedicar un tiempo a la lectura. El premio puede ser incomparablemente mayor que el esfuerzo. Entramos en un mundo nuevo, quizás distinto de nosotros en el espacio, en el tiempo, en la mentalidad ; conocemos a personajes, vivimos sus vidas, entendemos sus problemas, sus sentimientos y actitudes ; y así enriquecemos nuestras propias vidas con todas las vidas vividas por los personajes literarios.

El joven tiene necesidad de aprender a vivir. La Literatura puede ser su más adecuado banco de pruebas.
Sin embargo no todos los libros pueden ser leídos por una persona. La vida no da para tanto. Es preciso seleccionar. ¿Qué criterio seguir ? En mi opinión, lo que conviene es leer a los clásicos, es decir, a aquellos que han obtenido el consenso de generaciones y están salvados del olvido. Son aquellos libros que merece la pena conocer antes de morir, porque enseñan a vivir , a morir, a pensar, a soñar, a imaginar y, sobre todo , a amar.

Sobre todo a amar porque es el amor uno de los temas centrales de la Literatura. Especialmente de la poesía. Porque este ha sido desde siempre tal vez la mejor arma para que el hombre encuentre su desahogo ante el desamor, su lamento ante la ausencia, su desgarro ante el desprecio de la mujer amada y, en muy pocas ocasiones, también su alegría exultante por la posesión del objeto de su deseo. La literatura de mayor calidad humana, aquella con la que el lector tiende a identificarse más , es la que brota de una simbiosis de vida y creación. Y esa fusión nunca es tan plena como en la temática amorosa. Amor y poesía lírica son, pues, casi inseparables. Su íntima interdependencia nace de un estado emocional que necesita florecer en la palabra. Y, sin embargo, definir el amor o comunicar con palabras los sentimientos y las emociones que genera es harto difícil. Sus cualidades, sus alegrías, sus servidumbres, se sienten individual y oscuramente, y apenas se dejan encerrar en los estrechos cauces de la palabra.

Dice Luis María Ansón en el prólogo a su Antología de poesía amorosa. “ En Oriente y en Occidente, en el vasto mundo de la negritud o en la América precolombina, en la Grecia clásica o en el antiguo Egipto, entre los esquimales o los bantúes, entre los escandinavos o los malayos, entre los malgaches o los hebreos, entre los árabes o los polinesios, el amor es la médula absorta de la poesía y también de la poesía popular.

Es algo evidente que el amor está presente , bajo diferentes formas, en las diferentes etapas de la vida de cualquier hombre o mujer, se hace juguete en la infancia, pasión ilusionada en la adolescencia, proyecto de vida en la juventud, anhelo sereno en la madurez y dulce ternura en la ancianidad. Pues igual de omnipresente está en todas las etapas , tendencias o movimientos que configuran nuestra historia literaria.

Pero el amor no es un sentimiento cantado por el poeta de manera uniforme a lo largo de nuestra literatura. Son muchas las facetas, los puntos de vista bajo los que se le ha cantado. No es, por tanto, un sentimiento lineal, sino poliédrico. Cada poema esconde unas vivencias, unos sentimientos, diferentes de cualquier otro. Cada poema es el fruto de un estado de ánimo, a veces esporádico, otras veces permanente. Cada poema supone detrás una historia de pasiones correspondidas o rechazadas, de deseos satisfechos o insatisfechos. Muchos son los recursos retóricos empleados para tratar de expresar ese variopinto estado amoroso. Entre la gozosa exaltación erótica y la amargura producida por la frustración amorosa , hay innumerables posibilidades y matices. La expresión amorosa, como afirma Manuel Otero en su Antología de la lírica amorosa, va desde la libertad absoluta de la palabra al eufemismo y la perífrasis encubridora, desde la delicadeza de la visión idealizada a la procacidad rebelde y morbosa.

Escribir sobre el amor es también escribir sobre el misterio, sobre el enigma del hombre y la vida, sobre la muerte...Y, por ello, muchos autores que han intentado definir el amor han señalado lo contradictorio de su condición, pues es capaz de romper los moldes de la racionalidad y del sentido común.
Baltasar de Castiglione en su obra “El Cortesano” dice que “el andar ordinariamente amarillo y afligido en continuas lágrimas y suspiros, el estar triste, el callar siempre o quejarse, el desear la muerte, y, en fin, el vivir en extrema miseria y desventura, son las puras cualidades que se dicen ser propias de los enamorados.
En nuestra magistral obra del siglo XV, La Celestina , se dice de los enamorados que “ni comen ni beben, ni ríen ni lloran, ni duermen ni velan, ni hablan ni callan, ni penan ni descansan, ni están contentos ni se quejan”
El pensador Ibn Hazám de Córdoba dirá que “el amor destruye lo más recio, desata lo más consistente, derriba lo más sólido, disloca lo más firme, se aposenta en lo más hondo del corazón y torna lícito lo vedado”.

Y, con estas premisas, os invito a realizar juntos un recorrido que yo he calificado de “amoroso” por la lírica española, teniendo en cuenta siempre que de lo que se trata no es de desmenuzar la poesía, de realizar una autopsia sobre ella, sino de recrearla, gozarla y, en definitiva, vivirla. Hemos de dejarnos arrebatar no ya por lo que unos versos nos dicen, sino por la música que desprenden, porque la poesía es, fundamentalmente, música. Cada poema es como una pieza musical en pequeño, cuya armonía nos transporta y nos eleva.

En la Literatura española, el tema del amor aparece ya en los primeros versillos en un idioma aún naciente, que se encontraba todavía en pañales, pero que ya quería dar muestras de vida, quería demostrar su capacidad de expresar los más íntimos sentimientos. Y así, en las JARCHAS, se nos muestra el desgarro amoroso de la mujer a la que la ausencia del amado le ha sumido en un profundo dolor . Por tanto, amor y aflicción aparecen unidos desde los primeros balbuceos de nuestra literatura.
Tanto amar, tanto amar,
amado, tanto amar.
Enfermaron mis ojos refulgentes,
duelen con mucho mal.
En otra ocasión, la joven no encuentra solución a su desamor, se encuentra desesperada y tiene necesidad de contarle a alguien su pena, confesando que la vida ha perdido su sentido :
Decid, vosotras, ay hermanillas,
cómo he de contener mi mal.
Sin el amigo no viviré,
¿dónde iré a buscarlo ?

Estamos muy cerca del sentido lírico que un mundo occitánico, desde su centro en el Sur de Francia, va a difundir por Europa . Es una poesía que se basa en un código amoroso realmente interesante que se conoce como amor cortés y que, aunque nace en la Provenza francesa, tiene sus repercusiones en gran parte de nuestra lírica peninsular posterior. Se trata de una concepción del amor que posiblemente, con nuestra mentalidad materialista, nos cueste trabajo asimilar y comprender. No es el “amar para”, sino el amar por”. El amante se somete a la dama, que aparece lejana y distante, altiva y caprichosa, que exige esclavitud y total sumisión por parte del amado, que se humilla, arrodilla o se ofrece como esclavo, rindiendo su voluntad a la superioridad de la amada, y, además, con la particularidad de que esta es una dama casada a la que el enamorado nunca podrá conseguir. Surge por ello el sufrimiento amoroso que es sentido como un gozo. Y así, podemos encontrar algunos versos como los siguientes :
Me complace si ella me escarnece
o se burla de mí por detrás o por delante.
¡Ay de mí ! ¡qué suavemente me mató ! (Cercamón)

Aunque el amor me atormente y me mate,
no lo lamento nada . (Sordel)

Que el mal me es dulce y sabroso. (Guillem de Cabestany)

En los verdes prados gallegos, en la paz de su paisaje, en medio de la dulzura de sus gentes y de la musicalidad de su lengua, nacen las CANTIGAS DE AMOR Y DE AMIGO, en las que el caballero o la mujer se desahogan de sus sufrimientos amorosos. La mujer no se conforma con llevar por dentro el desamor, la ausencia y necesita compartirlo con alguien o con algo. En este caso son las flores las que se ofrecen gustosas para escuchar los lamentos :
Ai flores , ai flores do verde pino,
se sabedes novas do meu amigo ?
Ai flores, ai flores do verde ramo,
se sabedes novas do meu amado ?

Al igual que se cantaban los amores en la España mozárabe o en Galicia, también en Castilla se hacían juegos galantes de amor en cancioncillas populares como las albas. Forman parte de lo que se llama “lírica tradicional”, que no aparece por escrito hasta el siglo XV, pero que tiene un evidente parentesco espiritual y artístico con las primitivas jarchas mozárabes y con las cantigas gallegas. En esta alba, se nos presenta la picardía de la mujer, después de una noche de amor, invitando al amado a que aproveche el amanecer para salir sin ser visto. Ya no es el amor en ausencia, sino gozado en plenitud :
Ya cantan los gallos,
amor mío y vete ;
mira que amanece.
Vete, alma mía,
más tarde no esperes,
no descubra el día
los nuestros placeres.
Mira que los gallos,
según me parece,
dicen que amanece.
La poesía cancioneril es heredera de los trovadores provenzales y reelabora sus mismos tópicos ; así la absoluta dependencia del enamorado con respecto a la amada, de la que se convierten en servidor. Asimismo, el enamorado pierde la libertad y hasta la razón, sufriendo en su apasionamiento amoroso una total enajenación de los sentidos, pues, según expresa un poemilla tradicional :
Los hombres de amor tocados
ni sienten, ni oyen, ni ven.
En el siglo XV, el Marqués de Santillana, que pertenecía a la familia de los Lara, una de las más importantes de Castilla, todo un señor, no tiene inconveniente en mostrar su disposición a convertirse hasta en pastor con tal de conseguir el amor de una serrana, a la que describe con gran delicadeza :
Mas vi la fermosa
de buen continente,
la cara plaziente,
fresca como rosa,
de tales colores
cual nunca vi dama
nin otra, señores.
Cuando le pide amor y ella le responde que van tras ella dos pastores, que también reclaman su amor, todo un marqués le responde :
Señora, pastor
seré si queredes,
mandarme podedes
como a servidor.
Es decir, el amor es capaz de convertir hasta a un noble en un humilde pastor, venciendo cualquier prejuicio social.

Y siguiendo en el siglo XV, con una lengua aún vacilante, pero ya mayor de edad, JORGE MANRIQUE también habla de amor, también siente necesidad de desahogar en versos su sentimiento. Hombre por fuera batallador, guerrero, fuerte , fiel imitador de su padre ; pero, por dentro tocado por el amor, amor que envuelve con la guerra. Es un guerrero que ama o un amante que guerrea. En todo caso, un poeta que , se encuentra con la necesidad de definir el amor y lo pinta como una continua contradicción , que no se deja someter al imperio de la razón :
Es plazer en que hay dolores,
dolor en que hay alegría,
un pesar en que hay dulzores,
un esfuerzo en que hay temores,
temor en que hay osadía.
Pero aún se muestra más sencillo y delicado, despojándose de su guerrera, cuando imagina y recrea poéticamente una situación enternecedora, como el encontrarse , tal vez de madrugada, con el beso inesperado de la mujer amada, de la amiga, como él la llama. El colofón del poema, casi una moraleja, lo equipara a los grandes trovadores provenzales, mensajeros del amor por toda la Europa medieval :
Más placer es que pesar
herida que otro mal sana ;
quien dormiendo tanto gana,
nunca debe despertar.

Seis años más joven que Manrique es otro poeta mucho menos conocido, Pedro de Cartagena. Muere muy joven, a los treinta años, y lo hace después de haber sentido seguramente el amor en su estado más apasionado, un amor que le afecta tanto que provoca en él una frustración y un desasosiego continuos y no sabe dónde encontrar refugio o consuelo :
¿A dó iré, triste, que alegre me halle,
pues tantos peligros me tienen en medio ?
Que llore, que ría, que grite, que calle,
ni tengo, ni quiero, ni espero remedio :

La Edad Media llega a su ocaso, y soplan nuevos aires en España y en Europa, nuevos aires inspirados en un mundo que parecía ya acabado, pero que vuelve con todo su furor : el mundo grecolatino. El Renacimiento descubre para el arte la belleza de los cuerpos desnudos a través de la evocación de ninfas, dioses y héroes de la mitología grecolatina.
Y, fiel ejemplo de este Renacimiento, amanece ,con el siglo, Garcilaso, cerca del Tajo, en la ciudad imperial toledana. Hombre de armas y de letras, hombre tremendamente ocupado en sus batallas y en sus libros, pero que no encuentra, a pesar de todo, su vida colmada sin amor. Caballero a quien Alberti quisiera servir de escudero si volviera. Su inteligencia encuentra consuelo en la cultura, su voluntad en el combate, pero su corazón necesita llenarse con el sentimiento amoroso hasta tal punto que nos descubre en una de sus églogas no ya que echa de menos la presencia de la amada, sino que la vida no tiene sentido sin ella :
Estoy muriendo, y aún la vida temo ;
témola con razón, pues tú me dejas,
que no hay sin ti el vivir para qué sea.
En el Renacimiento se lleva a cabo una gran revolución poética que afecta tanto a las estrofas y a la métrica como a los temas. La ruptura con la tradición del “amor cortés”, cuya pista venimos siguiendo desde hace ya tres siglos, no es absoluta. Así, en Garcilaso, volveremos a encontrar la actitud de sublimación de la mujer y el determinismo amoroso que anula la voluntad y la libertad del poeta :
Yo no nací sino para quereros ;
mi alma os ha cortado a su medida ;
por hábito del alma misma os quiero.

Cuanto tengo confieso yo deberos ;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir, y por vos muero.

Y junto a la orientación terrena del amor garcilasiano por Elisa, el amor a lo divino de San Juan de la Cruz. No encuentra mejor símil para expresar el deseo del alma de unirse a Dios que el de la esposa que va en busca de su Amado para llegar a la unión íntima y total como dos amantes que se entregan en el acto amoroso diluyéndose uno en el otro. San Juan de la Cruz no había tenido la experiencia del éxtasis amoroso del amor humano, pero había leído el Cantar de los Cantares y en la obra cumbre de la lírica mundial, el Cántico espiritual, la Esposa está pidiendo a gritos el encuentro con el Amado directamente, sin intermediarios y quiere descubrirlo, no le vale más consuelo que su presencia :
Ay, ¿quién podrá sanarme ?
Acaba de entregarte ya de vero.
No quieras enviarme
de hoy más mensajero
que no saben decirme lo que quiero.

Descubre tu presencia,
máteme tu vista y hermosura.
Mira que la dolencia
de amor, que no se cura
sino con la presencia y la figura.

Pero el gusto renacentista por el equilibrio, el orden, la luminosidad, el optimismo, la exaltación hedonista...quedan desarticulados por la pasión y la desmesura del Barroco. Crisis, pesimismo y contraste son las tres palabras que mejor definen este momento histórico y cultural. Y el mejor ejemplo, el autor que mejor hace realidad no sólo literaria sino vital, estos tres rasgos es, sin duda, Quevedo.
Don Francisco de Quevedo y Villegas vive en continua crisis, se enfrente a la vida con un pesimismo atroz y es la personificación del contraste en su vida y en su obra. Por ello, cuando busca algún elemento en la naturaleza con el que comparar su situación , lo encuentra en el volcán Etna, porque esconde dentro de la nieve , el incendio de su amor, porque está helado por fuera, pero hirviendo por dentro. El contraste, siempre el contraste. El Quevedo misógino, que se ríe y se burla de la mujer pero que, al mismo tiempo, arde en pasión amorosa. Y que habla del amor como algo eterno que será capaz de vencer el río Leteo, el río del olvido. Es el amor que no conoce límites en el tiempo. Ya lo había dicho San Pablo : “El amor no pasa nunca” y lo dirá en el siglo XX Luis Cernuda
No es el amor quien muere,
somos nosotros mismos”.
Pero Quevedo, entre uno y otro, escribe uno de los mejores sonetos amorosos de la lírica castellana, cuyos tercetos dicen así :
Alma a quien todo un dios prisión ha sido ;
venas , que humor a tanto fuego han dado,
medulas, que han gloriosamente ardido,

su cuerpo dejarán, no su cuidado ;
serán ceniza, mas tendrán sentido ;
polvo serán más polvo enamorado.

Y, junto al Quevedo conceptista, el Góngora culterano, el creador de las más bellas imágenes, el que es capaz de hacer acrobacias con el lenguaje, pero el que está exento de esa dimensión de vibrante intimidad de Quevedo. En Góngora el amor es descripción, es complicada belleza que se nutre en el arte y no en la vital pasión. El poeta cordobés advierte a los amantes para que lleven cuidado y no se dejen embaucar por el amor. La boca de la mujer que se brinda a que se la bese es una trampa en la que no se debe caer si se quiere seguir viviendo, porque, según él, está el Amor, con su veneno armado, como una serpiente escondida entre flor y flor. Y termina el soneto, refiriéndose a los colores del rostro, las rosas que él llama, que nos deslumbran y nos seducen, pero que son un cebo para incautos :
No os engañen las rosas, que a la Aurora
diréis que, aljofaradas y olorosas,
se le cayeron del purpúreo seno.

Manzanas son de Tántalo, y no rosas,
que después huyen del que incitan ahora,
y sólo del amor queda el veneno.

Pero el gran amador del siglo XVII y quizás de toda nuestra literatura es el Fénix de los Ingenios, el Monstruo de la Naturaleza, Lope de Vega. Su corazón no deja de enamorarse y desenamorarse, de conquistar y ser conquistado, de vencer en las batallas del amor y ser vencido. Aventuras, conquistas, engaños, se suceden sin pausa, al igual que se suceden las obras de teatro que salen de su pluma tan rápidas como las palabras galantes de su boca. Y, en una vida tan entregada al amor, tal vez, en uno de sus pocos momentos de enfrentamiento consigo mismo, de reflexión sobre su apasionada vida, siente la necesidad de definir el amor, como la había sentido Manrique en el siglo XV y Quevedo en su siglo y, al igual que ambos, lo ve como una confusión de sentimientos contrarios, que se atropellan en el corazón : la alegría y la tristeza, la humildad y la soberbia, la traición y la lealtad, la vida y la muerte. ..,Y ante tanta mezcolanza, , al final del soneto, nos da la clave, por otra parte muy lógica, para poder identificar si lo que se siente es o no el verdadero amor :
Huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor suave,
olvidar el provecho, amar el daño.

Creer que un cielo en un infierno cabe ;
dar la vida y el alma a un desengaño ;
esto es amor ; quien lo probó, lo sabe.
Y a Lope llega profunda, intensamente, el amor de Marta de Nevares, el gran y distinto amor de Lope, cuando éste, ya sacerdote, está cubriendo la última estación de su vida. Marta es joven, tiene apenas veintiséis años, está casada con un grosero hombre de negocios y el poeta sabrá acercarle todo un amor y palabra que no ha tenido en su matrimonio. Por fin, muerto su marido, Marta pasa a vivir a casa de Lope. La amada no es sólo el último y más encendido amor de Lope, sino la mujer donde comienza a sentir la despedida de la vida y en cuyo amor recupera aquel ardor que sintiera junto a Elena Osorio en sus años más juveniles y que ahora vuelve a vivir pero teñido de melancolía, y así se lo hace sentir a Juan de Arguijo :
Mas cuando un hombre de sí mismo siente
que sabe alguna cosa y que podría
comenzar a escribir más cuerdamente,

ya se acaba la edad y ya se enfría
la sangre, el gusto, y la salud padece
avisos vacíos, que la muerte envía.
Con Marta aprende cómo el tiempo fue ido y esa fuga carga de mayor intensidad el presente de cada jornada, en el que, sin embargo, encuentra siempre la alegría de vivir. Pero un día, aquellos verdes ojos de Marta de Nevares comienzan a perder su luz y a cegarse. Es una terrible y lenta enfermedad que, más tarde, acabará en locura. Las octavas de la égloga A Amarilis van registrando el cruel proceso :
Así estaba el Amor, y así la miro
ciega y hermosa, y con morir por ella,
con lástima de verla me retiro,
por no mirar sin luz alma tan bella.

Pero el Barroco salta fronteras y cruza el mar, y llega a Hispanoamérica. Y allí, en Méjico, en la segunda mitad del siglo XVII, aparece la personalidad de SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ. Mujer de extraordinaria belleza exterior e interior, de gran atractivo por dentro y por fuera. Inquieta, culta, inteligente, tanto que, a los diecisiete años, fue capaz de llenar de asombro, por su sabiduría, a todo un tribunal de profesores, teólogos, filósofos y humanistas. Ella sintió el amor humano y el divino y los sintió con pasión y vehemencia. Y en algunos de sus sonetos de amor, introduce un esquema bastante original, pues se coloca en medio de un fuego cruzado : un amante a quien no corresponde y un ser amado que no le corresponde. Encuentra en el diamante la mejor imagen para expresar la dureza que transmite y que recibe al mismo tiempo :
Al que ingrato me deja, busco amante ;
al que amante me sigue, dejo ingrata ;
constante adoro a quien mi amor maltrata ;
maltrato a quien mi amor busca constante.

Al que trato de amor hallo diamante ;
y soy diamante al que de amor me trata ;
triunfante quiero ver al que me mata
y mato a quien me quiere ver triunfante.
En el Barroco, en suma, brilla y florece el genio artístico como en ninguna otra etapa de nuestra historia literaria. Sus grandes figuras no bastan para resumir una época tan rica en poesía y donde la lírica amorosa conoce tantos tonos, tantos matices y tantas voces originales que sería muy prolijo enumerar.

El siglo XVIII pasa prácticamente en blanco. Y es que la reflexión no casa fácilmente con el amor, la lógica no se puede aliar con la pasión, el pensamiento no se asocia con la poesía. Esta es considerada como un pasatiempo poco serio. Y los Moratín, Cadalso, Jovellanos...prefieren encubrir los sentimientos y dedicar su vida a la reflexión fría y serena sobre la sociedad de su tiempo.

Pero la pasión sigue latente y, como un Guadiana, rebrota en los románticos del SIGLO XIX. Tras la frialdad neoclásica, la explosión y el desbordamiento de los sentidos. Amores imposibles, vivencias apasionadas. Raptos, duelos, suicidios, todo es válido para echar afuera la lava del volcán interior que se encuentra ardiendo. Poesía de misterio, ambientes de ultratumba, paisajes del más allá. El poeta busca ahora evadirse de la realidad, huyendo a mundos ideales de la fantasía, del oriente exótico o de la remota y misteriosa Edad Media ; rompe los esquemas y normas estéticas que imponen barreras a la absoluta libertad creadora del artista ; pero choca, una y otra vez, con la realidad vulgar, que lo limita y le hace sentir el abismo que separa su deseo inalcanzable de la verdad frustrante de su entorno. El sentimiento de angustia y desesperación fue un tópico de la lírica romántica, el mal del siglo, que condujo a algunos soñadores románticos al suicidio. Esta insatisfacción se hace más patente en el tema amoroso. Los apóstrofes, imprecaciones y lamentos se acumulan, como podemos constatar en “A Jarifa en una orgía” de Espronceda :
Trae, Jarifa, trae tu mano,
ven y pósala en mi frente,
que en un mar de lava hirviente
mi cabeza siento arder.
Ven y junta con mis labios
esos labios que me irritan,
donde aún los besos palpitan
de tus amantes de ayer.

Dentro de la liberación romántica, aparece también la poesía amorosa escrita por mujeres, con un especial sello femenino, destacando Gertrudis Gómez de Avellaneda y, sobre todo, Carolina Coronado. Esta fue una mujer acicalada que amaba las fiestas y los salones, y ese mundo de tertulias y saraos donde el amor hacia el joven galán, siempre desde lejos, puede arder muchas noches. Su poesía refleja la libertad y el gusto por la pasión del romanticismo :
¿Cómo te llamaré para que entiendas
que me dirijo a ti, dulce amor mío,
cuando lleguen al mundo las ofrendas
que desde esta oculta soledad te envío ?

Y, ¿por qué de mi vista has de esconderte ;
por qué no has de venir si yo te llamo ?
¡Porque quiero mirarte, quiero verte
y tengo que decirte que te amo !

Bécquer, en la segunda mitad del siglo XIX, pone un poco de orden en el maremagnum de pasiones sin control y, aunque siente por dentro una pasión muy profunda, la refleja en versos tan quebradizos como su salud, tan frágiles como su vida. Rimas sentidas, sencillas, sinceras. Rimas para los amantes de entonces, de ahora y de siempre, para los enamorados del pasado, del presente y del futuro. Rimas que encierran un sentimiento sutil y delicado y que, por ello, tienen asegurada su perennidad. No hay en ellas metáforas atrevidas, imágenes deslumbrantes, figuras coloristas ; todo es contención, serenidad, equilibrio. Tal vez, a lo más que se atreve es a desentrañar la identidad del fenómeno de la poesía :
¿qué es poesía ? Dices mientras c lavas
en mi pupila tu pupila azul.
¿qué es poesía ? ¿y tú me lo preguntas ?
Poesía eres tú.
A veces, canta la exaltación gloriosa de un encuentro fugaz :
Hoy la tierra y los cielos me sonríen,
hoy llega al fondo de mi alma el sol,
hoy la he visto..., la he visto y me ha mirado..
¡hoy creo en Dios !
La poesía del autor sevillano parte de los temas y de los sentimientos típicos del Romanticismo, pero los lleva más allá, los depura en estilo y lenguaje. Es el primer poeta español que contacta plenamente con el romanticismo alemán. Es la suya una poesía muy trabajada, que se convierte en una búsqueda. Pero esa búsqueda, esa ansia halla una barrera : la palabra. La palabra es insuficiente para expresar el deseo del poeta. Cuando murió, Bécquer era sólo apreciado y reconocido por unos cuantos. Después cayó en un largo olvido, del que vinieron a sacarle, ya en nuestro siglo, Machado y , sobre todo, Juan Ramón Jiménez.

Con los años finales del siglo XIX, se inicia una nueva y decisiva corriente poética, que reacciona contra el espíritu pragmático de la burguesía industrial y contra el realismo artístico que aquella propugnaba. El Modernismo es aventura y riesgo frente al conformismo, novedad y música, color y fascinación por las lejanías ; es estética del lujo, compromiso con el arte, renovación de ritmos y modos.
Rubén Darío transporta a España desde su patria nicaragüense los nuevos aires modernistas, que son como un cuento de hadas que nos lleva a un mundo ideal, soñado, y que está lleno de una lujosa sensualidad que lo envuelve todo. Ejemplo bien claro es un soneto alejandrino, en el que presenta, dentro del exotismo decadente de París, a una amada lilial, en un ámbito a la par refinado y algo así como delicuescente, y del que extraemos los ocho primeros versos :
En invernales horas, mirad a Carolina.
Medio apelotonada, descansa en el sillón,
envuelta con su abrigo de marta cibelina
y no lejos del fuego que brilla en el salón.

El fino angora blanco, junto a ella se reclina,
rozando con su hocico la falda de AlenÇon,
no lejos de las jarras de porcelana china
que medio oculta un biombo de seda del Japón.

Pero es nuestro siglo, el siglo XX el que rompe moldes, el que atraviesa fronteras, el que busca y encuentra las imágenes más originales, los conceptos más atrevidos, las metáforas más sorprendentes. La creación poética no conoce límites. Es fundamentalmente a partir de los años veinte, una vez extinguida la llamarada modernista, cuando un conjunto de jóvenes poetas dará lugar a algunos de los más hermosos frutos que jamás haya cosechado la lírica en lengua española. Pero no sólo la revolución de la palabra y la imagen poética alcanzan la plenitud en estos años ; el propio sentimiento amoroso rompe tabúes y se hace más libre, más plural. El poeta mira a su alrededor y asocia su sentimiento con cualquier elemento de la Naturaleza. E incluso PEDRO SALINAS, el poeta del amor, en uno de sus poemas, echa mano de la gramática y muestra su deseo de vivir nada menos que en los pronombres, pero quedándose sólo con la primera y segunda persona del singular, es decir con el yo/tú :
Para vivir no quiero
islas, palacios, torres,
¡qué alegría más alta :
vivir en los pronombres !
No cabe duda de que sus libros “La voz a ti debida” y “Razón de amor” son hitos fundamentales no sólo en la poesía amorosa del siglo XX, sino en toda nuestra historia literaria. Al primero de ellos pertenece el siguiente poema, sin duda, uno de los más conocidos de Salinas. Al final de su lectura, lo que perdura es el recuerdo del beso, la sensación de besar, pues la amada pierde corporeidad, diluyéndose. Queda el beso de la memoria, que es más duradero que el real, que pasa como un relámpago :
Ayer te besé en los labios.
Te besé en los labios. Densos,
rojos. Fue un beso tan corto
que duró más que un relámpago,
que un milagro, más.
El tiempo
después de dártelo
no lo quise para nada
ya, para nada
lo había querido antes.
Se empezó, se acabó en él.

Hoy estoy besando un beso ;
estoy solo con mis labios.
Los pongo
no en tu boca, no, ya no
- ¿adónde se me ha escapado ? -.
Los pongo
en el beso que te di
ayer, en las bocas juntas
del beso que se besaron.
Y dura este beso más
que el silencio, que la luz.
Porque ya no es una carne
ni una boca lo que beso,
que se escapa, que me huye.
No.
Te estoy besando más lejos.

LUIS CERNUDA nació en Sevilla, como Bécquer, como Machado y allí empieza a entrar en contacto con el mundo mágico de la poesía. Toda su obra aparece reunida con un título, “La realidad y el deseo”, tremendamente expresivo y definidor de un estado de ánimo, de una situación vital. De él dice Federico que “no habrá escritor, si es realmente escritor, manejador de palabras, que no quede admirado del encanto y refinamiento con que une sus vocablos para crear un mundo poético propio”. Y es que Cernuda se mueve entre la realidad y el deseo, entre lo vivido y lo soñado, entre lo real y lo imaginado. Sólo el amor es capaz de hacerle olvidar su dolorida existencia y quisiera ser prisionero del amor, pues es la forma de conseguir, según él, la verdadera libertad. Al final, nos recuerda a Garcilaso, (yo no nací sino para quereros) cuando habla del amor como razón de su ser, como justificación de su existencia , pues ni la vida es vida ni la muerte es muerte si no se ha conocido el amor :
Libertad no conozco sino la libertad de estar preso
en alguien
cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío :
alguien por quien me olvido de esta existencia
mezquina,
por quien el día y la noche son para mí lo que
quiera,
y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
como leños perdidos que el mar anega o levanta
libremente, con la libertad del amor,
la única libertad que me exalta,
la única libertad porque muero
Tú justificas mi existencia :
si no te conozco, no he vivido ;
si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.

Y de Sevilla a Orihuela, del Guadalquivir al Segura muy cerca de su desembocadura, de Cernuda a Miguel, el poeta pastor oriolano. Rodeado de cabras y ovejas, con los naranjos y limoneros como cómplices y testigos, con el olor a azahar en aquella feraz huerta y siendo apenas un adolescente, lee y escribe. Y se lleve en el morral , desde su casa, a los clásicos, a Quevedo, a Góngora , a Garcilaso. Y los va devorando y asimilando. Y se emborracha de sus metáforas y queda embebido con sus imágenes y resulta hipnotizado con sus juegos verbales. Y pronto empieza a dar a luz sus primeros versos. Pero necesita un guía y lo encuentra en un joven algo mayor que él, pero universitario y de recia formación, Ramón Sijé. Y en el horno de los Fenoll, leen, devoran, reviven la poesía. Y pasa el tiempo y Miguel se enamora. Y se esfuerza por lograr versos, llenos de sentimiento y de valor poético al mismo tiempo, para que Josefina se deleite con su lectura. Esta que sigue no es, desde luego, su mejor composición pero parece ser que fue el primer soneto que le dedicó a su amada ; tal vez, por ello, sea el más sentido, aquel en que echó afuera con mayor sinceridad todo lo que había ido almacenando en el corazón :
Ser onda, oficio, niña, es de tu pelo,
nacida ya para el marero oficio ;
ser graciosa y morena, tu ejercicio,
y tu virtud más ejemplar, ser cielo.

Niña, cuando tu pelo va de vuelo,
dando del viento claro un negro indicio,
enmienda de marfil y de artificio
ser de tu capilar borrasca anhelo.

No tienes más quehacer que ser hermosa,
ni tengo más festejo que mirarte,
alrededor girando de tu esfera.

Satélite de ti, no hago otra cosa
si no es una labor de recordarte.
¡Date presa de amor, mi carcelera !
Miguel, en este soneto, rompe con toda lógica. Su situación de enamorado hasta los tuétanos, le hace pisotear la razón. ¿es que ser graciosa y morena es un ejercicio ? o ¿en qué consiste la virtud de ser cielo ? o ¿es un quehacer acaso ser hermosa ? . Y, finalmente, una admiración que es un mandato que rompe los esquemas. Los papeles se intercambian y la carcelera, la que tiene las llaves de la prisión, la que dispone de la libertad del prisionero, se convierte ella en presa, pero presa de amor. Ese juego poético de la libertad y la prisión es bastante socorrido en la lírica amorosa. En el poema anterior, también Cernuda entendía la libertad como la posibilidad de estar preso, pero en el ser amado.

Y llega FEDERICO GARCÍA LORCA, con su amor oscuro. Este año, hay que volver a Federico. Cien años del nacimiento de esta figura mítica, cuya vida está marcada por dos fechas trágicas para la Historia de España : 1898 - 1936. Nace el año del desastre colonial que sume a nuestra nación en una tremenda depresión y muere a poco de comenzar esa guerra fratricida entre las dos Españas. Y, como diría Machado, una de las dos Españas le heló el corazón. Federico, ídolo, faro y guía para sus amigos, poetas, aficionados y seguidores de la literatura y de la vida. Federico, de quien Dulce María Loynaz, autora cubana, dice que se le quedaron grabados sus ojos, su forma de estrechar la mano y su modo de recitar la poesía. Federico, el que canta a los gitanos, a Nueva York, a Granada y, por supuesto, al amor. Federico, el joven culto, instruido, pero cercano a las gentes del pueblo ; Federico, el conocedor del mundo teatral, el que dominaba el piano, pero el que se entretenía y aprendía conversando largos ratos con los criados y campesinos de su mundo granadino. Federico, el que canta la pasión amorosa en sus Sonetos del amor oscuro. Muy pocos sonetos en nuestra lírica amorosa se pueden comparar con ellos, con su profundidad, su lírica vehemencia, su delicado desgarro, su poético dolor. En ellos manda a su amor una paloma o habla por teléfono con el amor o teje una guirnalda de rosas o le pide a su amor que le escriba una carta, con un soneto, que acaba así, recordando incluso a San Juan de la Cruz :
Llena, pues, de palabras mi locura
o déjame vivir en mi serena
noche del alma para siempre oscura.
Pero su sufrimiento es tan hondo que no le importa rebajarse y usar la imagen de un gusano para ejemplificarlo, un gusano que busca una flor, pulpa o arcilla para alimentarse. Y no sólo se hace gusano, también se define como perro, como guardián fiel, compañero inseparable, como ese otro de Garcilaso que se encontraba ausente de su amo y no encontraba consuelo, hasta que al final el poeta toledano le dice que vuelva la cabeza a sus propio sufrimiento, que es mucho mayor que el de un animal. Y Federico se vale de estas y otras imágenes para expresar su miedo y su pena, su dulce queja :
Tengo miedo a perder la maravilla
de tus ojos de estatua, y el acento
que me pone de noche en la mejilla
la solitaria rosa de tu aliento.

Tengo pena de ser en esta orilla
tronco sin ramas, y lo que más siento
es no tener la flor, pulpa o arcilla
para el gusano de mi sufrimiento.

Si tú eres el tesoro oculto mío,
si eres mi cruz y mi dolor mojado,
si soy el perro de tu señorío,

no me dejes perder lo que he ganado
y decora las aguas de tu río
con hojas de mi otoño enajenado.

Pero, aunque sea traicionar el título de esta charla, hemos de seguir ; no nos vamos a detener en el joven poeta granadino. Pues, junto a Federico y los demás poetas del 27, emerge la figura gigantesca de PABLO NERUDA. Huracán poético y político que arrastra a estos jóvenes ilusionados, especialmente al poeta-pastor de Orihuela. Canta a la Naturaleza virgen de su tierra andina, a la situación injusta de los desheredados, pero también al amor. Y logra construir veinte poemas de amor y una canción desesperada que destilan las mejores esencias de una poesía moderna pero clásica, atrevida pero atrayente, estridente pero sutil. De entre todos ellos, el más conocido, el más leído, recitado y quizás vivido es el número 20. Es el poema de la paradoja , de la duda inquietante, de la interrogación hecha vida. Es el poema de la margarita que se deshoja ¿aún la quiero o ya no la quiero ?. Es el poema que hace encontrar plenitud en la presencia del ser amado y hallar sentido y consuelo a la ausencia. ¡Qué pena que no llegaran a tiempo de leerlo los sufridos trovadores del amor cortés ! Tras leer a Neruda, se descubre que el mejor antídoto, la mejor vacuna contra el mal de ausencia, tan cantado desde siempre, que ya aparece en la primera jarcha, no es la rebeldía, el llanto o la tristeza sino la poesía, su poesía. El poeta empieza intentando hacer unos versos salidos, como casi siempre ocurre, de la tristeza y con la noche como marco, pero no la noche centelleante y fantasmagórica de Espronceda, sino la noche serena y sosegada de Fray Luis de León. Y , sobre estos versos, construye quizás el más emocionante y emocionado poema de amor en nuestra lengua , que es también la suya :
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo. “La noche está estrellada,
y tiritan , azules, los astros a lo lejos.”

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise , y a veces ella también me quiso.

En las noches como esta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo, Sentir que la he perdido.

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al ama como al pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro, será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro, sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor y es tan largo el olvido.

Porque en noches como esta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque este sea el último dolor que ella me causa,
y estos sean los últimos versos que yo le escribo.

Pero no, estos no van a ser los últimos versos de amor. No vamos a terminar tampoco con Neruda. Vamos a dar un paso más adelante en el tiempo. Todos los versos que hemos recreado hasta ahora han sido escritos por poetas que ya se encuentran en otra dimensión, que ya no están entre nosotros. Pero la poesía se sigue cultivando por hombre y mujeres que aún están vivos, autores con los que podemos hablar o a los que podemos escribir. Y, como colofón de esta aproximación a la poesía amorosa en español, dos de estos poetas. Y, que tienen los dos una curiosa coincidencia : las iniciales de su nombre y su apellido y que en ambos casos son : A.G. . Pues son Antonio Gala y Angel González.
Antonio Gala dio a la luz, no hace mucho un delicioso libro llamado Poemas de amor. Y, aunque es un autor que ha alcanzado notoriedad por su obra dramática, aunque primeramente se dio a conocer como poeta, dice Pere Gimferrer que quien de verdad es poeta nunca deja de serlo. Es la suya una poesía que se inserta en la tradición clásica española desde el Barroco, o incluso desde mucho antes, hasta Cernuda, Lorca o Alberti. Sus poemas, nos reconoce el propio Gala, son una confidencia, la confidencia de un poeta desconocido que se presenta a pecho descubierto. Por ello nos confiesa que no pensaba publicarlos antes de su muerte. “Mi concepto de la intimidad y del pudor así lo ordenaba”, declara. De toda su maravillosa producción poética, seleccionamos uno de los que él llama “Sonetos de la Zubia”. En él consigue un bonito efecto poético con el juego calor/frío . Abomina del verano y desea la llegada del frío invierno. Especialmente atractivo es el último terceto en el que incluye una imagen tan poética como la de los brazos del amor como bufanda y además con el adjetivo “tibia” antepuesto. El soneto nos deja el sabor de la lejanía, siempre viejo y siempre nuevo en la poesía.
Me sorprendió el verano traicionero
lejos de ti, lejos de mí muriendo.
Junio, julio y agosto, no os entiendo.
No sé por qué reís mientras me muero.

Vengan nieve y granizo, venga enero,
vengan escarchas ya, vayan viniendo.
Troncos que fueron nidos ahora enciendo
y no consigo la calor que quiero.

Suelta la vida al viento falsos lazos :
no hay flor, ni luz, ni sed, ni amor, ni río.
Sólo hay un corazón hecho pedazos.

Agosto miente, amor, y siento frío.
Sin la tibia bufanda de tus brazos
aterido sucumbe el cuello mío.

Y, ya acabamos. Y lo hacemos con un poeta, al que he de reconocer que he descubierto tarde, pero que en las preferencias de los alumnos que se sienten atraídos por el fenómeno poético, ocupa un lugar muy destacado. Es un poeta que se nos hace cercano, cuya poesía parece que , a veces, nos roza, nos susurra al oído, nos acaricia la piel. Poesía en la que podemos ver reflejados el fluir del tiempo, o la preocupación social o el intimismo amoroso. De ANGEL GONZÁLEZ, poeta que nace en Oviedo en 1925, seleccionamos un bellísimo soneto amoroso, en el que recoge esa imagen, tan frecuente en la lírica amorosa, del hombre al que no le importa metamorfosearse en animal o cosa con tal de conseguir el corazón de su amada o , a veces, sólo la cercanía física. Así Federico utilizaba la imagen del gusano o del perro ; Pedro Salinas, en otro de sus poemas, confiesa que quisiera ser arena, sol y hasta collar , frasco o seda antigua. De este deseo de metamorfosis tampoco se libra Gerardo Diego, a pesar de no ser un poeta de especial intensidad amorosa. El quiere también alterar su esencia y presencia humana y busca una imagen apropiada en el agua y en el vaso que la contiene :
Ser de todas las formas,
como agua siempre a gusto en cualquier vaso
siempre abrazándote por dentro.
Y también como vaso
para abrazar por fuera al mismo tiempo.
Con el agua hecha vaso
tu confín - dentro y fuera - siempre exacto.

Angel González no se queda atrás y también quiere sufrir esa metamorfosis por amor y transformarse en alga, o caracola o vela o viento, para poder rozar o estar cerca, aunque sólo sea por un instante de la amada. No hay que olvidar que el autor, en Oviedo, tiene muy cerca el mar y por ello estos versos huelen a mar, suenan a mar y saben a mar.
Con este poema acabamos un recorrido sencillo pero sentido por unos hitos fundamentales en nuestra lírica amorosa. Hitos que podrían haber sido otros, pues aquí interviene el gusto y la predilección personal. Han sido versos que tienen como origen y destino el corazón. Versos que han cantado a amores reales o imaginarios, a mujeres u hombres existentes o pensados. Versos a Elisa, a Julia, a Teresa o a Filis, Amarilis, Aminta ¿qué mas da ? . Para gozar la poesía, pasa saborear cada verso, nos importa muy poco la historia que hay detrás, o las estructuras lingüísticas o retóricas que le sirven de base, o el movimiento literario en que se inscribe o tantos datos que, en ocasiones, nos encubren el valor mayor de la poesía, nos tapan el juego de la palabra, nos esconden el sonido de su música. Amigos, hay que leer poesía y hacerlo sin más pretensión que el simple deleite, sin más intención que el puro goce estético. Y, por qué no, hay que aprenderse versos y poemas de memoria. ¿Qué mejor aplicación para ejercitar nuestra memoria ? Y, posiblemente, si saboreamos la poesía, si la recitamos, si la memorizamos, se despierte en algunos ese genio poético que, como dice Bécquer, se encuentra dormido esperando una voz que le diga, “levántate y anda”.
Y, volviendo a Angel González, acabamos con catorce versos suyos, que me parecen el mejor colofón, cuando se habla de poesía y de amor, porque su último verso acaba con una palabra que es la clave para la explicación de estos dos fenómenos, pues el soneto dice así :
Alga quisiera ser, alga enredada
en lo más suave de tu pantorrilla.
Soplo de brisa contra tu mejilla,
arena leve bajo tu pisada.

Agua quisiera ser, agua salada,
cuando corres desnuda hacia la orilla.
Sol recortando en sombra tu sencilla
silueta virgen de recién bañada.

Todo quisiera ser, indefinido,
en torno a ti : paisaje, luz, ambiente ,
gaviota, cielo, nave, vela, viento....

Caracola que acercas a tu oído,
para poder reunir, tímidamente,
con el rumor del mar, mi sentimiento.

Homenaje póstumo a Augusto Puche

CARTA ABIERTA A AUGUSTO PUCHE TOLEDO
Domicilio. El Cielo

Amigo Augusto: Los que hemos estado cerca de ti y hemos conocido tu trayectoria de servicio siempre hemos pensado que te merecías un reconocimiento por parte del pueblo, que tenías más que de sobra derecho a que se te tributara un homenaje, pero nunca nos hubiera pasado por la cabeza el que ese homenaje fuera póstumo.

Pero la responsabilidad no es nuestra, por haber tenido falta de previsión, sino tuya por haberte marchado tan pronto y sin avisar.

Nos hubiera gustado, al menos despedirnos de ti para siempre, apretarnos contigo en un fuerte abrazo y decirte al menos una sola palabra, “gracias” , por tantas cosas.

¿Por qué, cuando estuvimos juntos en misa en la mañana de ese triste domingo 15 de mayo, no me anunciaste nada, no me dijiste que ya no iba a poder contar contigo para rezar en los Penitentes, para organizar la procesión de los Santos Médicos, para recogerme las fotos del periódico, o que ya no íbamos a poder tener más esos encuentros diarios en los que hablábamos siempre de cosas para el pueblo, y discutíamos cuál era más sopero de los dos, y tú decías que yo nunca te alcanzaría?

Pero no sólo lo hiciste mal conmigo, ¿por qué no hablaste ese día con el cura para avisarle de que ya no te tendría más dispuesto para hacer de todo lo que hiciera falta en la Parroquia, para montar el monumento, para ayudarle en el lavatorio, para acompañarlo en la procesión del Corpus, para hacer los turnos de vela ante el Monumento, para ayudarle en la misa y dar la comunión cuando hacía falta?

Y ¿qué decirte de tu amigo José María?, ¿por qué no le anunciaste con tiempo que ya no iba a poder contar más contigo para montar los decorados o escribirle los libretos de la zarzuela o para discutir con él cada día cuando os juntabais en tu tienda y que parece que competíais a ver quién gritaba más de los dos? Pero, cuanto más discutíais más unidos estabais.

¿Y tus vecinos? Es verdad que la Plaza Vieja sigue, con su Ayuntamiento, sus casas de siempre, pero se ha quedado muda. Tu presencia en la esquina de tu tienda y tu voz tan peculiar saludando y bromeando con cualquiera la han dejado vacía, le han quitado un trozo de vida. Y ya no se puede recurrir a ti cuando hay que vestir a los gigantes o hace falta un trozo de cinta de bandera o hay que hacer un rótulo vistoso.

¿Y tu familia? ¿cómo dejaste sin avisar a tu mujer y a tus cuatro hijos, que formaban contigo una piña? Y a tus hermanos, para los que siempre has sido el pequeño y te han tenido un cariño muy especial aunque a veces no entendían que fueras capaz de dejar tu negocio, tu tienda, para atender a cualquier cosa que te pidieran. Tu hermano Paco me dijo unas palabras que aún recuerdo, “Augusto era mucho Augusto”.

Y era verdad. Por eso, por todo lo que sembraste en tu vida, recogiste un testimonio de cariño a tu muerte como pocas veces se ha visto en Abarán. Todo el pueblo te quiso acompañar y las lágrimas salían incontenibles de los ojos de mujeres y de hombres. ¡Cuánto hubieras dado por ver tanta gente acompañándote en tu último viaje! ¡Qué satisfecho te hubieras sentido de ver recompensada una vida entregada a los demás con el cariño y el dolor de este Abarán que tú tanto querías!. Hubieras visto los ojos vidriosos de la Chari o de Virola o de Cayo o de la Anita o de nuestro entrañable José María que, tan brusco y serio siempre, se sentó junto a mí aquella tarde en un banco del atrio y los dos nos echamos a llorar como dos niños pequeños. Carmina, que nos vio, se dirigió a nosotros y con un abrazo y un apretón de manos tuvo con nosotros un gesto de consuelo que no olvidaremos fácilmente.

Amigo Augusto, yo sé que allá arriba no estarás quieto, que estarás, seguramente colaborando en mil tareas celestiales, que te habrás encontrado con tus gentes más queridas, con tus padres, Paco y Cecilia, que se sorprenderían al verte tan pronto, o con Don Juan Sáez que te habrá fichado ya para algunas de las iniciativas que estará llevando a cabo allí arriba. Y con tantos abaraneros que te querían de verdad como los que hemos quedado aquí.

Aquí abajo el pueblo sigue, la vida sigue, las fiestas siguen, pero puedes estar seguro de que para Abarán tú has sido más útil, más importante que mucha gente con más poder o más medios o más estudios. Como has sembrado, vas a recoger esta noche el cariño de tu pueblo, al que tanto querías y servías.

Confiando en que nos fundiremos en un fuerte abrazo cuando nos volvamos a encontrar, se despide desde aquí abajo, tu amigo:
PEPE JARRAS.

Abarán, cabecera de un Valle encantador

ABARÁN, CABECERA DE UN VALLE ENCANTADOR
Jose S. Carrasco Molina

Pocas zonas dentro de la Región de Murcia con un paisaje tan subyugante como el Valle de Ricote. Con el río Segura como hilo conductor y razón de su ser y de su vida, seis pueblos se nos muestran cargados de historia y de futuro al mismo tiempo, pletóricos de raíces que suenan a morisco y llenos igualmente de posibilidades para el nuevo milenio que ya amanece.

Abarán se nos aparece como cabecera de todo el Valle, como estandarte y prólogo de todo un encanto que se encierra bajo la sombra de tantas palmeras y bajo el olor a azahar en unas huertas regadas con las aguas de un río y con el sudor de unas gentes que, durante generaciones, han dejado en esta tierra su impronta de laboriosidad y esfuerzo de sol a sol.

El río Segura ha sido y sigue siendo el mejor testigo de todo lo que en este pueblo ha ocurrido durante siglos. Momentos tan dolorosos y desgarradores como la expulsión de los moriscos a principios del siglo XVII o tan gloriosos como la puesta en marcha en los primeros años del siglo XX del Motor Resurrección, que, impulsando el agua de ese río, dio vida a todo un campo hasta entonces seco y que se convirtió en base de nuestra riqueza.

Abarán no es un pueblo que se adivine desde lejos; hay que toparse con él para descubrirlo. Encerrado y construido entre montañas, su configuración es todo un reto a la naturaleza, es una batalla a una orografía hostil que no fue capaz de vencer el ánimo y el tesón de los que decidieron asentarse en este rincón del Valle. Casas colgadas de unos montes que se miran en el río, cuestas y pendientes que proporcionan un sabor especial al núcleo urbano, calles estrechas que forman como un laberinto que invita al visitante a desentrañarlo. Todo ello dibuja un pueblo sugerente donde la sorpresa salta a cada momento y donde la monotonía no encuentra lugar ni hueco para el que llega a él.

Obligatoria es la visita a un Teatro Cervantes, recién restaurado, que, construido en 1926 ha sido escenario de las actuaciones más exitosas por parte de lo más selecto de cada época en lo artístico. Sus paredes rezuman, especialmente, notas de zarzuela pues, desde los años 20, en este pueblo la zarzuela ha sido la principal manifestación cultural, contando en la actualidad con una Muestra anual y con tres compañías que se dedican a no dejar perder este arte tan español.

Tras la visita al Teatro, hay que dirigirse a una de las balconadas de mayor encanto de toda la región: la Ermita. Pulmón y solaz del pueblo, ha sido el marco en el que muchas generaciones han llenado sus ratos de ocio y esparcimiento. Todo el Valle aparece a los ojos de aquel que llega a ella. Y, junto al Paseo, la iglesia dedicada a unos Patronos a los que, desde el siglo XVI, el pueblo tiene una especialísima devoción: los Santos Médicos Cosme y Damián. En los días finales de septiembre, Abarán vibra en torno a la celebración de su festividad: actos religiosos, conciertos, verbenas, zarzuela, fuegos artificiales forman un conglomerado que hace disfrutar a todas las edades. Las imágenes de Cosme y Damián, en el retablo de esta Ermita, que es la tercera construida desde el siglo XVI, son un referente y una señal de identidad en una comunidad que tanto ha acudido a ellos a lo largo de los siglos.

Si nos adentramos en la huerta, nos topamos con cuatro maravillas producto del ingenio de nuestros antepasados para conseguir regar hasta los últimos rincones de unas propiedades muy repartidas. Son cuatro norias aún en funcionamiento que siguen dando vueltas y elevando el agua de las acequias como hace siglos. Entre ellas, la Noria Grande, la de mayor diámetro de toda Europa. Cerca de ella y también en la margen izquierda, la Noria de la Hoya de Don García; y en la margen derecha del río, la Noria de Candelón y la más pequeña, la Ñorica. Son cuatro monumentos con un pasado rico en historia, pero con un presente y un futuro prometedores desde el punto de vista turístico y económico.

La Iglesia de San Pablo (S. XVI-XVIII), la Iglesia de San Juan Bautista, muestra de una nueva arquitectura, el Santuario en la Sierra del Oro, el Parque junto al río, la Plaza del Ayuntamiento, el casco viejo...son otras visitas obligadas para aquel que quiera conocer una realidad viva y sugeridora.

Y, junto al paisaje, tal vez lo más envidiable, sus gentes. Hombres y mujeres que, viviendo en un pueblo tan cerrado por las montañas, abren a todo el que llega la mano y el corazón.



























ABARÁN, CABECERA DE UN VALLE ENCANTADOR
Abarán no es un pueblo que se adivine desde lejos; hay que toparse con él para descubrirlo. Encerrado y construido entre montañas, su configuración es todo un reto a la naturaleza, es una batalla a una orografía hostil que no fue capaz de vencer el ánimo y el tesón de los que decidieron asentarse en este rincón del Valle.

El río Segura ha sido y sigue siendo el mejor testigo de todo lo que en este pueblo ha ocurrido durante siglos. Momentos tan dolorosos y desgarradores como la expulsión de los moriscos a principios del siglo XVII o tan gloriosos como la puesta en marcha en los primeros años del siglo XX del Motor Resurrección, que, impulsando el agua de ese río, dio vida a todo un campo hasta entonces seco y que se convirtió en base de nuestra riqueza

Obligatoria es la visita a un Teatro Cervantes, recién restaurado, que, construido en 1926 ha sido escenario de las actuaciones más exitosas por parte de lo más selecto de cada época en lo artístico.

Tras la visita al Teatro, hay que dirigirse a una de las balconadas de mayor encanto de toda la región: la Ermita. Pulmón y solaz del pueblo, ha sido el marco en el que muchas generaciones han llenado sus ratos de ocio y esparcimiento. Y, junto al Paseo, la iglesia dedicada a unos Patronos a los que, desde el siglo XVI, el pueblo tiene una especialísima devoción: los Santos Médicos Cosme y Damián. En los días finales de septiembre, Abarán vibra en torno a la celebración de su festividad.

Si nos adentramos en la huerta, nos topamos cuatro norias aún en funcionamiento que siguen dando vueltas y elevando el agua de las acequias como hace siglos. Entre ellas, la Noria Grande, la de mayor diámetro de toda Europa. Cerca de ella y también en la margen izquierda, la Noria de la Hoya de Don García; y en la margen derecha del río, la Noria de Candelón y la más pequeña, la Ñorica.

La Iglesia de San Pablo (S. XVI-XVIII), la Iglesia de San Juan Bautista, muestra de una nueva arquitectura, el Santuario en la Sierra del Oro, el Parque junto al río, la Plaza del Ayuntamiento,... son otras visitas obligadas para aquel que quiera conocer una realidad viva y sugeridora.

Y, junto al paisaje, tal vez lo más envidiable, sus gentes. Hombres y mujeres que, viviendo en un pueblo tan cerrado por las montañas, abren a todo el que llega la mano y el corazón.

Abarán 1904

ABARÁN, 1904
Publicado en Programa de Festejos 2004

Hay citas a las que uno no puede faltar y para los abaraneros Septiembre está salpicado de fechas y acontecimientos que van llamando a las sucesivas generaciones desde tiempo inmemorial.
Y, desde hace unos cincuenta años, hay algo que nos llama o nos convoca a algunos enamorados de las cosas de nuestro pueblo a profundizar en ellas y plasmarlas por escrito. Y ese algo es este Programa de Festejos, esta publicación que se ha convertido con el tiempo en el festejo más popular, porque llega a todos los hogares y es esperado en todos con la misma ilusión con la que se oye el sonido del primer cohete o las notas de nuestra Banda en las dianas mañaneras.
Por todo ello, no podemos ni debemos fallar a esta cita algunos que tomamos este compromiso hace ya bastantes años. El abanico de temas para tratar en este Programa es muy amplio, aunque año tras año se presenta más difícil encontrar uno atrayente para el que escribe y para los miles de personas que lo leen.
Cuando la necesidad apremia y el tiempo se nos va viniendo encima, siempre queda el recurso de acudir a los Archivos pues en ellos siempre hay datos curiosos sobre el pasado de este pueblo que conviene ir descubriendo al gran público.
Como en otras ocasiones, me he acercado, a través de los Archivos Municipal y Parroquial, al Abarán de hace cien años para entresacar algunos datos curiosos y con cierto interés.

Como primer dato estadístico, señalar que en ese año de 1904 son bautizados en la Parroquia de San Pablo 82 niños/as y se llevan a cabo 103 entierros. Los encargados de hacerlo son D. José Candel como párroco y D. Juan Plaza como activo coadjutor. Dos curas que, según la visita de inspección que realiza a la Parroquia D. Francisco Vigueras, como arcipreste del Partido, el día 11 de abril, lo tenían todo (sagrario, varas, altares, archivos...), conforme con lo que dictaban las normas de aquel tiempo.
Desde el punto de vista político, el día 1 de enero de 1904 toma posesión de la alcaldía D. Fernando Gómez, un alcalde importante en nuestro pueblo, que tiene dedicada una calle, y que estuvo en el cargo hasta 1910. Por lo que se desprende de la lectura de las actas capitulares, es decir de las sesiones de Pleno, fue este un año tranquilo, pues no aparece en ellas ningún signo de controversias o enfrentamientos políticos. Del desarrollo de estas reuniones municipales da fe el secretario, a la sazón D. Ricardo Martínez.
Parece que, como es natural en todo Ayuntamiento, la situación económica no era muy boyante, pues hay algunos meses en los que no se puede pagar con puntualidad a los empleados públicos y se acuerda que se abonarán dichos sueldos, “cuando el estado de fondos lo consienta”. Por lo que se aprecia, una de las principales fuentes de ingresos eran las subastas de los montes. Como ejemplo, el 23 de mayo se conceden los espartos de la Sierra del Oro a D. Luis Fernández, de Blanca, por la cantidad de 7.200 ptas.; y a su paisano D. Antonio Ibáñez, se le adjudican 5.023 pinos de la Sierra de la Pila por 5.051 ptas.. Esas cantidades eran bastante significativas en ese momento, si tenemos en cuenta que el coste salarial sería de 2 ptas. diarias, según hemos concluido por el pago de siete pesetas a D. Joaquín Molina Gómez por tres jornadas y media empleadas en el arreglo de los árboles de la Ermita.
Siguiendo con las finanzas, entre los primeros acuerdos que toma el nuevo Ayuntamiento, se acuerda nombrar una Comisión para gestionar con Dª Visitación Aguado, viuda de Monxó, la rebaja del dinero que satisface el Ayuntamiento por el alumbrado público por “creer excesiva la suma que hoy satisface por el mencionado servicio”. Y en la sesión del 25 de julio aparece un concepto que hoy lleva de cabeza a nuestros políticos, los “créditos reconocidos”, es decir, las facturas que vienen de atrás, y se acuerda, entre otras cosas, pagar la factura de los carteles de la feria del año anterior.
También desde los comienzos de la nueva Corporación, aparece un tema que se irá repitiendo durante todo el año y es la preocupación por adecentar el paseo de la Ermita. Y el 18 de enero se acuerda encargar al concejal D. José Tornero Ginestar para que adquiera árboles “con el fin de hermosear la explanada existente en la Ermita de esta población”, árboles que importarán 167,90 ptas. Unos meses después, el 3 de octubre, se acuerda también adquirir varios árboles para plantarlos en la Ermita “a la mayor brevedad posible”. Estaríamos quizás asistiendo en este año de 1904 a la plantación de los árboles más antiguos que hoy vemos en nuestro entrañable Paseo. Pero no sólo hay referencias a la Ermita por el arbolado. El día 4 de julio, se acuerda colocar el tablado de la música en el Paseo de la Ermita “a fin de que desde el próximo domingo por la noche asista la Banda y ejecute algunos puntos de su programa para solaz y distracción de las personas que concurran a dicho sitio”. Unos meses después, el 31 de octubre, el Pleno aprueba que se autorice al alcalde para que la Banda de Música, dirigida por D. David Templado, amenice el Paseo de la Ermita “en los días festivos que crea conveniente” (¿podríamos hacer hoy realidad también este acuerdo?). El día 11 de julio , se acuerda rociar el paseo de la Ermita los domingos y festivos durante el verano. Y el 29 de agosto, se pagan 17,50 ptas. al cerrajero D. Mariano Manuel como importe del arreglo de los bancos de hierro del paseo de la Ermita.
Desde el punto de vista urbanístico, el Cura Párroco solicita al Ayuntamiento que, “para evitar reclamaciones y derechos que pudieran promover litigios, se realice el deslinde del terreno de la Ermita que pertenece a los Santos Patronos”. Y el 29 de agosto, se realiza ese deslinde por D. Pascual Candel, Perito Agrimensor de Blanca. Decisión importante también es la de abrir una calle desde el lado de Poniente del Paseo de la Ermita hasta el sitio denominado Los Secanos. Esta calle se correspondería con la bajada hasta la calle del Asilo por el lateral de la Casa de la Cultura.
Y, siguiendo con el urbanismo, el día 7 de marzo, la Corporación aprueba lo siguiente : “que para todas las obras que se verifiquen para la construcción de casas y reformas de las existentes, se solicite el debido permiso”, una medida que ha venido llevando de cabeza a todas las Corporaciones siguientes y, por supuesto, al pueblo que ha ido pagando, a veces con un precio muy caro y ya irreversible, la permisividad en esta materia.
Hay un acuerdo curioso el día 19 de diciembre y es la autorización al alcalde para que “gestione el establecimiento de la feria tradicional denominada de Navidad que se venía verificando en años anteriores, promoviendo corridas de novillos en los días 25,26 y 27, a beneficio de los Patronos de este pueblo”. Es decir, una feria taurina pero en los días navideños.
En relación con la celebración de las Fiestas Patronales, en muy poco tiempo se preparan, pues el 22 de agosto se autoriza a la Comisión para que organice los festejos que estime convenientes. En esa misma sesión se acuerda instalar las casetas de Feria en la Plaza de la Constitución (Plaza Vieja) por ser “conveniente a los intereses del comercio de esta Villa”. Ello significa un cambio, pues a partir de 1900 ya se había acordado colocarlas en la Ermita. De todas maneras, este cambio no debió tener mucha aceptación porque en el año siguiente, se acuerda colocarlas en la Explanada de la Ermita “para evitar la aglomeración de personas en la Plaza de la Constitución”.

Y es que la Ermita ya se veía entonces como el lugar más idóneo para la fiesta, para la música, para el encuentro, para la conversación, para todo aquello que constituye esa mitad que, unida a la otra mitad que es el trabajo y el laborar cotidiano, constituye la vida de las personas y de los pueblos. Por ello, porque es el alma y el corazón del nuestro, en todo el año, pero especialmente en estos días de Feria no sólo hay que cuidarla, sino que merece ser mimada y devolverle la belleza y la vida que ha ido perdiendo con el paso del tiempo.

JOSE S. CARRASCO MOLINA
Cronista Oficial de Abarán.


Sobre los Dolores de la Virgen en Abarán


LOS DOLORES DE LA VIRGEN, UN RICO PATRIMONIO
Jose S. Carrasco Molina
Revista de la Semana Santa de Abarán

Es verdad que los misterios que nos presenta nuestra fe cristiana son, en ocasiones, algo difícil de ser interiorizados y asumidos por nosotros que, al fin y al cabo, somos seres de carne y hueso a los que unos acontecimientos tan grandes y tan fuera de lo lógico y racional nos desbordan.

Es por eso por lo que la Iglesia siempre ha tenido que valerse de medios que, entrándonos por nuestros sentidos, puedan ayudar a esa interiorización de cosas tan inescrutables. Y la música, la literatura, la pintura, la escultura... han sido y siguen siendo vehículos para cumplir esa finalidad: llevar a la mente y al corazón del hombre,
de naturaleza débil y limitada, los misterios de la fe.

En nuestro pueblo, como en todo el orbe cristiano, en lo referente a los misterios de la pasión y muerte de Cristo, contamos con esas imágenes, algunas de gran valor artístico, que desfilan en procesión en nuestra Semana Santa. De todas las bellas artes, es aquí la escultura la que sirve de vehículo de lo grandioso y casi incomprensible.

Pero también en este pueblo, hay algo que no nos entra por la vista, sino por los oídos, y que nos lleva hasta lo trascendente, porque nos recuerda este hecho de la Pasión de Cristo, pero visto desde la perspectiva de su Madre, y ese algo son los Dolores de la Virgen, sus siete Dolores. Estas piezas, combinación de una música deliciosa y de una letra tremendamente expresiva, nos ayudan a digerir e interiorizar las diferentes etapas que recorre María en su particular vía dolorosa. Si los unimos a las sencillas estrofas que, acompañadas por un sonsonete aún más sencillo, suenan en el Vía Crucis de la Procesión de Penitentes, tendremos dos ejemplos bien patentes de lo que es llevar al pueblo la Pasión desde la perspectiva de María y de su Hijo.

Centrándonos, porque ello es el objeto de esta publicación, en los Dolores de María, forman parte del patrimonio de este pueblo, pues se vienen cantando desde hace un siglo y es por ello, por lo que varias generaciones han compartido los sentimientos de dolor y belleza al mismo tiempo que destilan. Hay que transportarse con la imaginación a los años 40, por ejemplo, y asomarse a una iglesia repleta de fieles durante el Novenario a la Virgen de los Dolores y oír las palabras rotundas del predicador de turno que, desde el púlpito, iba desgranando los Dolores de María en un esfuerzo por hacerlos valorar o revivir en unos cristianos que acudían cada tarde puntuales a esa cita año tras año. Eran funciones muy largas pero que se hacían cortas porque se daban la mano la cuidada retórica de aquellos predicadores y la belleza musical que llegaba desde el coro a los oídos de tantos fieles que cada tarde rezaban, meditaban y gozaban al mismo tiempo.

Hoy casi todo ha cambiado. La iglesia ya no está ni mucho menos repleta de fieles, los predicadores ya no dominan el arte de la oratoria como los de antaño, pero siguen sonando desde el coro esos Dolores, aunque sólo sea en la festividad de la Virgen de esta advocación. Y, si esto se mantiene, justo es reconocer que se debe al empeño de José David Molina, entusiasta seguidor de la valiosa herencia del compositor, David Templado, quizás el patrimonio más valioso que nos queda en este pueblo. Y, junto a él, a un grupo de coristas que también se sienten satisfechos de contribuir a que esta riqueza no desaparezca.

Se ha tratado bastante sobre el valor musical de estos Dolores, sobre su armonía y muchos otros aspectos técnicos que los hacen realmente hermosos. Pero en este artículo vamos a centrarnos en la letra que sirve de sustento a esa música inigualable, y que también es algo digno de destacar.

Ignoramos quién es su autor. Lo que sí parece claro es que estas estrofas son anteriores a 1900 y que quizás se tomaron de un breviario que el compositor David Templado repasaría en la casa de su padre, Pepe Juan, que tenía una biblioteca religiosa bastante abundante, pues sus raíces cristianas eran muy firmes.

Si analizamos estas estrofas desde el punto de vista métrico, en su mayoría son, o bien redondillas (estrofas de cuatro versos octosílabos que riman 1º con 4º, 2º con 3º), o bien cuartetas (estrofas de cuatro versos octosílabos que riman 1º con 3º, 2º con 4º). La rima es consonante, aunque no siempre es perfecta.

Si hacemos un recorrido, aunque no pormenorizado, por los siete Dolores, hay que decir, en primer lugar, que casi todos ellos tienen más de una versión, distinta en letra y música (salvo el cuarto que repite la misma letra cambiando sólo la música) . Forman, por ello un retablo variado que, entrando por los oídos, y con la contemplación de la Virgen de los Dolores en el altar, llegaba y sigue llegando hasta el corazón de los fieles.

El Primer Dolor recoge la escena de la profecía de Simeón, ese varón “justo y piadoso” como lo llama San Lucas en su Evangelio. Es él quien, al llevar María a su Hijo al templo para cumplir con el rito de la presentación, le anuncia el trágico final de ese niño(“una espada atravesará tu alma”). Tres versiones hay de este dolor. Las tres recogen la imagen de la espada adjetivada como penetrante o descrita como de dos filos o de tristura (tristeza) en la tercera y casi desconocida versión. El uso de los adjetivos es, como en todos, tremendamente expresivo. Y es de destacar la referencia al Niño como “tierno infante” en contraste con la “espada penetrante” (debilidad frente a sufrimiento). Igualmente los versos “pasar” o “traspasar” o “partir” materializan y hacen más plástico el efecto que en su corazón tendría el anuncio de Simeón. La tercera versión es la única que nos da algún dato físico de la Virgen, cuando habla de “pálido semblante”. Las dos primeras versiones descubren el significado de la profecía, y hablan de la muerte, en el segundo caso con un adjetivo “acerba” que significa cruel; por el contrario, en la tercera, queda como sobreentendido ese significado, como algo que no hace falta descubrir porque ya se presiente, al igual que queda velado el nombre del anciano, refiriéndose a él como “vidente”. Hay que dejar constancia desde el principio de la abundancia de adjetivos en todos los Dolores, lo cual ayuda a hacer más expresivo el mensaje, y además que la mayoría van antepuestos al nombre, posición que es mucho más literaria que la posposición.
1
Cuando anunció Simeón
la muerte del tierno Infante,
fue espada tan penetrante
que pasó tu corazón.





2
Al presentar en el templo
al Hijo de vuestro amor,
una espada de dos filos
traspasó tu corazón.
Con aquella profecía
que te anunció Simeón
mostrándote de tu Hijo
su acerba muerte y pasión.

3
Con pálido semblante
escuchas del vidente
palabras que tu mente
bien pronto comprendió.
La infausta profecía
que su labio murmura
espada es de tristura
que tu pecho partió.

El Segundo Dolor recoge la huida a Egipto. Y conocemos dos versiones. La primera es mucho más sencilla limitándose a recoger el hecho de manera casi totalmente objetiva, como una crónica periodística, resaltando sólo el uso de un adjetivo “dolorida”, el único elemento lírico de la estrofa. Sin embargo, la segunda es mucho más plástica y sentimental. Nos da a entender la situación de dolor y sufrimiento interno y externo por el que pasó toda la familia huyendo de Herodes. Son dos cuartetas métricamente perfectas. Hay en esta versión imágenes muy expresivas, como “el Hijo de sus entrañas”, o la comparación del pecho como un “hondo abismo”, que además es acentuado por el último verso “del más grande sentimiento”. Pero quizás lo más destacable es la expresión “maternal heroísmo”, que parece algo contraproducente, pues el heroísmo y la fortaleza más bien parecería algo propio del varón en la visión tradicional; sin embargo, aquí se le atribuye a María. Todo el Dolor está lleno, además de palabras que nos dan adecuada idea de la tragedia vivida: el verbo huir (que ya indica irse para alejar algún peligro), el adjetivo “perseguida”, la expresión “tierras extrañas”, o los sustantivos pesar, tormento, abismo o sentimiento. En resumen, un bello cuadro de desgarramiento, potenciado aún más cuando se le acompaña de la sugerente música.
1
Entre sustos y temores
a Egipto huís dolorida
por que no pierda la vida
Jesús en manos de Herodes.




2
Huye a Egipto perseguida
cruzando tierras extrañas
sólo por salvar la vida
del Hijo de sus entrañas.
Con maternal heroísmo
del pesar sufre el tormento
y es su pecho un hondo abismo
del más grande sentimiento.


El Tercer Dolor (Jesús perdido y hallado en el templo) tiene dos versiones muy diferentes. En la primera de ellas, se quiere hacer tan partícipe a los fieles de la situación de aflicción de María, que se usa la primera persona, como si el fiel cristiano tuviera frente a frente a María y estuviera contemplándola en Jerusalén de un lado para otro preguntando por su Hijo. Otra vez un adjetivo de connotación negativa (afligida) y dos contraposiciones: vuestro/nuestro, perdido / hallado. Frente a esta versión más sencilla y sobria, la segunda es muy diferente y tiene elementos extraños al resto de Dolores. Se conserva manuscrita y por ello debe ser posterior a los que están editados. Apunta Antonio Yelo la posibilidad de que esta letra sea debida a la pluma de ese cura que tantas letras puso a la música de David Templado y que fue Don Juan Belmonte. Al margen de las expresiones que son mucho más “relamidas” que en el resto, la gran novedad es la introducción del diálogo entre la Virgen y las doncellas a las que pregunta por el paradero de Jesús. Ya la descripción de la cara de María es llamativa, con sus cabellos rubios y rizados (blondos rizos) y su color apagado (pálido el semblante); ello junto a la expresión de profunda preocupación (anhelante) nos dibuja a una mujer bella pero desfigurada en este momento por su desesperación. Tras esta descripción, lo más original, la apelación en imperativo a las “castas doncellas “ (como si dijéramos “buenas mujeres”) para que, por favor, le digan si han visto a su Niño. Y, como es necesaria una descripción del mismo para que ellas lo identifiquen, esta es algo hiperbólica o exagerada, pues el único dato que da es su blancura , que es tanta como la de un armiño, mamífero que se caracteriza por su piel blanquísima. Y, al final, la invocación adquiere tintes de fuerte súplica no admitiendo el silencio: “decídmelo, por Dios”. Es un fiel retrato físico e interior de la mujer desesperada que busca lo que más quiere.



1
¡Oh, qué afligida os encuentro
buscando en Jerusalén
vuestro Hijo, nuestro bien,
perdido y hallado en el templo!

2
Sueltos sus blondos rizos
y pálido el semblante
buscando va anhelante
al Hijo que perdió.
- Decidme, castas doncellas,
si habéis visto a mi Niño,
es blanco cual armiño,
decídmelo, por Dios.

Del Cuarto Dolor (Jesús por la Calle de la Amargura) sólo tenemos una versión literaria (aunque hay tres musicales) Y esta versión es muy breve, limitándose a una cuarteta, en la que se incide en una Virgen llorando. Y se cae en lo que se llama pleonasmo, es decir, usar algunas palabras innecesarias (llora con llanto). Pero, además, para reforzarlo aún más, el adjetivo prolijo (muy largo). La caracterización de la Virgen viene aquí expresada no por adjetivos, sino por dos sustantivos (vida y dulzura) que contrastan fuertemente con esa amargura, que da nombre a la fatídica calle que recorre Cristo en su pasión. Aquí María pasa a un papel de espectadora y abandona el papel protagonístico que ha tenido en los tres Dolores anteriores. Es una más entre aquella multitud que contempla el paso de ese Mesías que llevarían a la Cruz.
Llora con llanto prolijo
María, vida y dulzura,
viendo que cruza su Hijo
por la Calle de Amargura.

El Quinto Dolor (La Crucifixión de Jesús) tiene dos versiones. La primera es también más simple y descriptiva; la segunda, más compleja y dramática, como ocurre en todos los casos. La primera se limita a dibujar lo esencial, aunque con rotundas palabras, que inciden en la extrema dureza a que se somete al cuerpo de Cristo. Y se establece un paralelismo entre la situación del Hijo y la de la Madre. Pues los clavos atraviesan a uno físicamente y a la Madre interiormente. Se usa el epíteto (adjetivo innecesario) “duros “ aplicado a clavos y el verbo tan expresivo “traspasar”, todo ello además, hecho “sin compasión”. En los versos referidos a María, otra vez se repite la misma imagen del primer dolor. Si allí fue el anuncio de Simeón, la espada que pasó el corazón, aquí son los clavos clavados a Cristo los que producen el mismo efecto. La segunda versión es una escenificación de ese momento. Y es una llamada a la imaginación de los fieles para que recreen la escena del Calvario: Cristo en la Cruz (madero santo) y al pie, la madre llorando, con ese llanto que antes era prolijo y ahora es amargo, un paso más en el dolor. Los últimos cuatro versos tiene un cierto valor metafórico, pues se compara la situación de fortaleza en el dolor de María, con una ingente (grande) palma, es decir como si fuera una palmera que, a pesar de que sople el viento fuerte, a pesar de los embates que la mueven de un lado para otro, permanece firme sin desfallecer. El contraste entre la situación de su alma (destrozada) y la fortaleza interior (ni se rinde ni se abate) busca suscitar en los fieles esa reciedumbre ante la adversidad que debe mantener el que mira a la cruz de Cristo.
1
Con duros clavos traspasan
a Jesús sin compasión,
y a la vez con ellos pasan
de María el corazón.




2
Al pie del madero santo
se hallaba la Virgen María,
derramando amargo llanto
al ver que su Hijo moría.
Allí cual ingente palma
del dolor sufre el embate
y destrozada su alma
ni se rinde ni se abate.

El Sexto Dolor recoge la siguiente etapa en la carrera del dolor de María, y es el Descendimiento de la Cruz de su Hijo. Es sólo una cuarteta, pero con una gran valor plástico. Lo más destacable es la imagen poética que se usa para expresar la caída de la tarde, la hora en que la oscuridad vence a la luz, en que el sol ( el Astro del día) muere y se adueñan las tinieblas de lo que antes era claridad. Es una oscuridad no sólo atmosférica sino simbólica, porque viene a significar el estado en que queda el hombre y el mundo tras la muerte del redentor. En ese momento, se rompen los lazos del mundo y María otra vez se nos presenta a María no sólo llorando sino también lamentándose del final de su Hijo, al que tiene en sus brazos y está mirando. Tres protagonistas: la noche dueña de la situación; la Virgen llena de dolor; Cristo, cuerpo muerto ensangrentado sostenido por su madre. El resto ya no importa. Como, además, esta letra tan expresiva va acompañada de una música de gran efecto, que, especialmente en sus primeros compases, llega a sobrecoger, los fieles que escuchan entran dentro del misterio y comparten el dolor con María.
Muerto ya el Astro del día,
rotos del mundo los lazos,
rompe en lamentos María,
viendo a Jesús en sus brazos.

En el Séptimo Dolor se recrea ya a Jesús en el sepulcro. Hay dos versiones. En la primera, de gran fuerza literaria y musical. Se incide en la soledad de María que deja a su Hijo en el sepulcro. Para dar más fuerza a esa soledad, se le antepone el adjetivo “amarga”. La segunda versión, más explícita, comienza caracterizando a la losa con dos adjetivos que son epítetos (dura y fría); el tercer adjetivo intensifica el dolor de María, calificándolo de profundo. En la segunda cuarteta, queda María en una doble faz: por una parte, en esa amarga soledad que también se reflejaba en la anterior versión; pero, por otra, ella queda constituida como Madre de toda la humanidad. Dolor y glorificación, las dos caras de María, y las dos caras de la Pasión de su Hijo.
1
En el sepulcro escondida
tanta grandeza y bondad,
la Madre queda sin Hijo
en amarga soledad.





2
Una losa dura y fría
encierra al autor del mundo.
Queda la Virgen María
Sufriendo dolor profundo.
Deja a la que fue su vida
en amarga soledad,
y en Madre constituida
de toda la humanidad.

Este era el último peldaño en la escalera del sufrimiento de la Virgen Dolorosa que los fieles que llenaban el templo oían y vivían. Es evidente que hoy el ambiente ya ha cambiado, pero hay dos cosas que siguen incólumes: el valor artístico de estos Dolores y el mensaje cristiano que encierran. ¡Ojalá podamos seguir durante mucho tiempo oyendo estas letras con su música dentro de nuestra iglesia, de esta iglesia que en este año 2005 celebra el V Centenario de su creación como parroquia y que desde entonces ha sido foco que ha irradiado frutos cristianos por doquier!

Presentación Acto Día de la Mujer 2007

PRESENTACION DEL ACTO DEL DÍA DE LA MUJER 2007
HOMENAJE A LAS MUJERES DE LA AGRUPACIÓN MUSICAL “SANTA CECILIA”
José S. Carrasco Molina

Amigos y amigas: no cabe duda de que la celebración del Día de la Mujer ya ha pasado a ser algo tan enraizado en nuestra sociedad como la de esos otros días especiales que nunca se nos pasan por alto a lo largo del año.

A pesar de que parece un tópico hablar sobre la importancia de la mujer en la sociedad, es algo bien patente que en la película del desarrollo de nuestras sociedades, han pasado de ser actrices secundarias a convertirse en coprotagonistas.

Y ese salto ha sido posible no por concesión gratuita de nadie, sino gracias al empeño, al trabajo y al esfuerzo de todas las mujeres en todos los ámbitos de su vida, tanto en el personal y familiar como en el social.

Y en uno de los ámbitos en que la mujer ha ganado un importante y merecido protagonismo ha sido en el de la cultura. Y una de las caras, seguramente la más sugerente, de este variado poliedro que es el mundo cultural, es la música.

En nuestro pueblo somos todos testigos de la importancia y de la repercusión social que tiene la música, especialmente concretizada en nuestra Banda de Música.

La Agrupación Musical “Santa Cecilia” no es una asociación más en Abarán. Es la que mantiene, en una gran parte, las señas de identidad de este pueblo en sus momentos más entrañables. No se concibe una Navidad sin escuchar sus villancicos a los que le da un espíritu nuestro y diferente al de cualquier otra Banda; no se concibe una Semana Santa sin que las notas de la marcha “Nuestro Padre Jesús” del maestro Cebrián, interpretadas por ellos, cierren nuestros desfiles; no se conciben unas Fiestas de septiembre sin que vibremos al oír los compases de Davisín y Resortes salir de sus instrumentos.

Pero no se trata ahora de realzar el papel de la Banda en Abarán en su siglo de existencia, sino, en la celebración del Día de la Mujer, destacar y premiar el papel tan importante que la mujer ha ido adquiriendo en ella en los últimos años.

En primer lugar, reconoceremos el papel de las mujeres componentes de esa Agrupación, pues hoy, cuando sale a la calle o la vemos actuar en el teatro, comprobamos que hay casi veinte chicas enroladas en ella. Para llegar a esta situación han tenido que pasar ochenta años, pues la primera chica que se incorpora ya lo hace en 1980 y se trata de Lourdes Gómez Amorós. Tras ella, otras siguen su huella: Pilar, Maria Dolores, Arancha, Maruja…hasta hoy, que son casi el 40% de los componentes. Todas ellas, las que están y las que no, tienen un gran mérito y esta noche se lo queremos reconocer, porque han tenido que vencer muchos prejuicios y, a base de valentía, coraje y esfuerzo, han demostrado alcanzar una calidad de ejecución comparable a la de sus compañeros y entre todos, unos y otras, lograr ese conjunto armónico que forman. Son chicas que tienen que renunciar a muchas cosas por estar en la Banda, que dejan muchas diversiones para aprender la técnica musical y asistir a los ensayos. Pero que, a pesar de todo, han comprendido que la música es un importante medio de formación personal y que, además, prestan un gran servicio a la sociedad de la que forman parte.

En segundo lugar, hay que reconocer también el papel de la mujer como directiva de esta Agrupación. Son mujeres que están detrás, que no tocan ningún instrumento, pero cuyo papel es imprescindible para que la Agrupación siga viva. Tienen que hacer frente a una gran cantidad de problemas, dudas, incertidumbres… que sólo conocen los que están dentro, pero a pesar de todo, siguen adelante y el reconocimiento de hoy debe servirles de acicate para afrontar el futuro que no siempre se ve del todo claro. La imagen de Magnolia, Isa, Marta, Pilar, siempre detrás y arropando a la banda es la mejor garantía de que sus notas no dejarán de sonar en nuestras calles.

Pero, en tercer lugar, justo es hacer mención de otras mujeres que nunca se ven, pero cuya comprensión y tolerancia hacen posible también que la Banda siga funcionando y proporcionándonos cultura y alegría al mismo tiempo. Son las mujeres de los músicos, las que se quedan en casa con los hijos las noches de todas las épocas del año, porque el marido tiene que marcharse a ensayar o las que en los días de fiesta pasean solas porque el marido va en la banda. Nunca se les agradecerá bastante su papel callado y el reconocimiento de esta noche es sólo una pequeña muestra de lo que ellas se merecen.

Pues, gracias a todas, y ánimo para seguir adelante cada una en vuestro papel, porque, aunque no lo creáis, todas estáis contribuyendo a hacer un Abarán más culto, un Abarán más alegre, un Abarán mejor.
Muchas gracias.


Angel González o la cotidianidad inolvidable

ANGEL GONZÁLEZ, O LA COTIDIANIDAD INOLVIDABLE
José S. Carrasco Molina
Publicado en la Revista ABACO 2004

Si alguien me preguntara cuál es hoy , para mí, la imagen de un poeta, diría que Angel González. Pienso que la poesía lo ha elegido para que lo represente en la tierra y ante los mortales.
José Esteban


Esas palabras de un amigo del poeta asturiano objeto de este artículo, son el mejor compendio de la personalidad y la obra de Angel González.
Desde hace ya bastante tiempo, me encuentro entre los que el escritor Juan García Hortelano llama “angelólatras”, es decir, aquellos que rinden culto a este poeta.
Mi primer contacto con su obra fue con uno de sus sonetos, ese que comienza “Alga quisiera ser, alga enredada / en los más suave de tu pantorrilla”. Me impresionaron esos catorce versos y ellos me fueron llevando a otros y a otros y, cuanto más leía su obra, más me apasionaba esta forma de hacer poesía que parecía tan cercana, pero que, a la vez, era de gran calidad y profundidad. Y mi admiración, mi “angelolatría” me hizo escribirle una carta en la que le pedía que me enviara ese soneto autógrafo; y lo hizo, y desde entonces, lo exhibo, enmarcado, en mi aula, y me enorgullezco ante mis alumnos de que quizás sea esta la única aula del mundo en la que haya un poema de Angel González de su puño y letra. Y ellos tienen que sufrir esta “angelolatría” pues diariamente, en Bachillerato, se leen versos de este poeta, además de nombrar a Garcilaso, dos “castigos” que han de sufrir aquellos que reciben mis enseñanzas.
Porque, aun sin ser yo un crítico literario, ni falta que me hace, creo que no es ninguna barbaridad afirmar que Angel González es el mejor poeta vivo que tenemos en España.
Y tres son los rasgos que a mí mas me admiran de su poesía:
a) la capacidad de poetizar la realidad cotidiana de un contexto urbano.
b) el manejo magistral de la lengua con la creación de imágenes sorprendentes.
c) el uso de la ironía como instrumento para reflejar la realidad.
El escritor mejicano Bryce Echenique afirma algo que suscribo y que ha dado pie al título de este artículo:
“He admirado en Ángel la poesía que nombra la cotidianidad y la vuelve de inmediato sencillamente inolvidable. Que la eleva a alturas de gracia y hondura tremendamente conmovedoras”.
Es que Angel González se nos muestra cercano, próximo, porque toma como base de su poesía la realidad más cercana, la dinámica diaria del hombre, e incluso, a veces, frases hechas, refranes o aforismos que tenemos a mano. Pero todo ello, tocado por la varita mágica de su capacidad lírica, queda sublimado y convertido en poesía que eleva y emociona. El propio poeta nos confiesa la relación de su poesía con la vida real:
“Cuando comencé a leer, y en consecuencia a escribir, lo hice desde el convencimiento de que poesía y vida eran dos cosas diferentes, incomunicadas. Pasado algún tiempo, comencé a pensar que poesía y vida no eran necesariamente entidades incomunicables, que la palabra poética no tenía por qué referirse tan sólo a la irrealidad.”
Seleccionando unos pocos biográficos, diremos que nació en Oviedo en 1925, hijo de un profesor de pedagogía, que fallece en 1927. La guerra civil interrumpe sus estudios de bachillerato y supuso un cambio total en la vida de su familia, afectada por el exilio de un hermano y el asesinato de otro. Angel finaliza su bachillerato, iniciando y acabando los estudios de Derecho y Magisterio.
En 1951 de traslada a Madrid para ejercer el periodismo, pero, al no poder vivir de ello, prepara unas oposiciones a un cuerpo de la Administración central, en el que ingresa en 1954, pidiendo pronto la excedencia. En 195 publica su primer libro de poemas, “Áspero mundo”. A partir de 1972 y hasta 1992 ejerce como profesor de Literatura Española Contemporánea en Nuevo Méjico y actualmente su vida la divide entre América y España.
Seleccionar algunos fragmentos de su obra es tarea harto difícil porque en todos los poemas hay algo llamativo y sorprendente.
En muchas ocasiones, como hemos señalado arriba, el poeta toma frases hechas, a veces, tomada de textos sagrados, pero aplicando a ellos una ironía que esconde una situación personal de increencia, y, en muchas ocasiones, su visión desengañada del mundo y de la vida, algo que destila toda su obra, aunque en este poema se nos presenta de manera bastante desnuda y casi despiadada:
Si nuestro reino no fue de este mundo,
y sabemos de cierto que no hay otro,
dime lo que nos queda,
amigo,
dime lo que nos queda.
No es demasiado frecuente este grito de nihilismo; antes al contrario, A.G. envuelve ese desengaño vital, recubriéndolo a veces incluso con rasgos humorísticos, conseguidos, en ocasiones, por el juego ingenioso con las palabras:
Ni Dios es capaz de hacer el Universo en una semana.
No descansó el séptimo día.
Al séptimo día se cansó.
En más de una ocasión recurre a canciones populares para realizar en ellas una transmutación que nuca hubiera, sin duda, pensado el autor de la canción. Y es que el ingenio de nuestro poeta no tiene límites y es capaz de retorcer desde la frase evangélica hasta esta canción que tantas veces hemos oído y que le sirve como base para lanzar toda la ironía de que es capaz sobre una mujer de moral algo bastante distraída, recordándonos la afilada pluma de Quevedo:
Ese lugar que tienes,
cielito lindo,
entre las piernas,
ese lugar tan íntimo
y querido,
es un lugar común.
Por lo citado y por lo concurrido.
Al fin, nada me importa:
Me gusta en cualquier caso.
Pero hay algo que me intriga.
¿Cómo
solar tan diminuto
puede ser compartido
por una población tan numerosa?
¿Qué estatutos regulan el prodigio?
¿Hay alguien que sea capaz de decir eso a una mujer de una manera más sutil e ingeniosa. Ese es uno de los encantos de la poesía gonzalista.
Y, siguiendo con ese ingenio, fruto sin duda de una gran inteligencia, citamos ahora uno versos que pertenecen a un poema titulado “Cadáver ínfimo”, y que nos presenta la situación casi esperpéntica de un hombre que no se muere entero, sino a trozos:
Se murió diez centímetros tan sólo:
una pequeña muerte que afectaba
a tres muelas careadas y a una uña
del pie llamado izquierdo y a cabellos
aislados, imprevistos.
Todo ello lleva consigo toda la parafernalia de un entierro en toda regla, en el que, incluso, se presentan los amigos para dar el pésame, un pésame muy original:
“Esto no puede ser, esto no puede
seguir así. O mejor dicho:
esto debe seguir a mejor ritmo.
Muérete más. Muérete al fin del todo.”
Esa misma ironía es la que derrocha en este poema breve, pero muy chispeante, que comienza con un planteamiento y una expresión bastante cotidianos, pero que acaba en un desenlace realmente original, es decir, va desde lo cotidiano a lo inolvidable:
Le comenté:
- Me entusiasman tus ojos.
Y ella dijo:
- ¿Te gustan solos o con rimel?
- Grandes
respondí sin dudar.
Y también sin dudar
me los dejó en un plato y se fue a tientas.
Hemos citado, antes, como uno de los rasgos de su poesía, la creación de imágenes realmente sorprendentes, imágenes que nos trasladan a una realidad poética y a un mundo tremendamente rico en sensaciones: Y, como muestra, aquí van estos dos versos, de esos que hago memorizar a mis sufridos alumnos:
Cuando me duermo, un sol recién nacido
me mancha de amarillo los párpados por dentro.
Angel González nos ofrece también, en ocasiones, soluciones o recetas para problemas de nuestra vida cotidiana. He aquí las alternativas que nos ofrece ante el problema que se nos presenta muchas veces de tener que hacer un regalo, y no saber qué comprar. El nos da una solución realmente poética y sugerente:
Cuando tengas dinero, regálame un anillo;
cuando no tengas nada, dame una esquina de tu boca.
Los fenómenos meteorológicos están casi omnipresentes en la poesía de A.G., a veces como marco decorativo, y otras veces cobrando un gran protagonismo, como en este poema, titulado La lluvia, del que entresacamos su comienzo y su final:
No; la lluvia no te moja:
te resbala.
Tienes la piel de aceite, amada mía.
Ungida con aceite, perfumada.
(...)
La lluvia que ha mojado tus cabellos
no ha mojado tu cuerpo ni tu cara.
En el poema “Canción de amiga”, de su último libro, “Otoños y otras luces”, es el invierno el que se convierte en protagonista, con un frío que, comienza en el exterior, pero que penetra en el yo del poeta, que reconoce que no es el invierno el causante de su estado de frialdad interior. De él entresacamos tres versos que nos presentan tres imágenes cargadas de poeticidad, tres retratos líricos de la estampa de la ciudad en invierno:
Las calles de la ciudad son láminas de hielo.
Las ramas de los árboles están envueltas en fundas de hielo.
Las estrellas tan altas son destellos de hielo.
Sería interminable la relación de versos o poemas de A.G. que dejan su huella en la sensibilidad del lector amante de la poesía. Pero, como última muestra, este en el que el amor y la Naturalezas se dan la mano, representados por la mujer y el río. La mujer ha sido desde siempre tema y objeto de la poesía; y también lo ha sido, la Naturaleza, y en ella, los ríos, esos que muchas veces han simbolizado el fluir del tiempo (“nuestras vidas son los ríos”). Pero Angel González, en este inolvidable poema, transforma el curso lógico de la Naturaleza y hace que el curso del río, su fluir vaya dependiendo del caminar de la mujer, que es seguida por el río, en unas maravillosas imágenes poéticas inigualables:
Por aquí pasa un río.
Por aquí tus pisadas
fueron embelleciendo