viernes, 18 de enero de 2008

Sobre los Dolores de la Virgen en Abarán


LOS DOLORES DE LA VIRGEN, UN RICO PATRIMONIO
Jose S. Carrasco Molina
Revista de la Semana Santa de Abarán

Es verdad que los misterios que nos presenta nuestra fe cristiana son, en ocasiones, algo difícil de ser interiorizados y asumidos por nosotros que, al fin y al cabo, somos seres de carne y hueso a los que unos acontecimientos tan grandes y tan fuera de lo lógico y racional nos desbordan.

Es por eso por lo que la Iglesia siempre ha tenido que valerse de medios que, entrándonos por nuestros sentidos, puedan ayudar a esa interiorización de cosas tan inescrutables. Y la música, la literatura, la pintura, la escultura... han sido y siguen siendo vehículos para cumplir esa finalidad: llevar a la mente y al corazón del hombre,
de naturaleza débil y limitada, los misterios de la fe.

En nuestro pueblo, como en todo el orbe cristiano, en lo referente a los misterios de la pasión y muerte de Cristo, contamos con esas imágenes, algunas de gran valor artístico, que desfilan en procesión en nuestra Semana Santa. De todas las bellas artes, es aquí la escultura la que sirve de vehículo de lo grandioso y casi incomprensible.

Pero también en este pueblo, hay algo que no nos entra por la vista, sino por los oídos, y que nos lleva hasta lo trascendente, porque nos recuerda este hecho de la Pasión de Cristo, pero visto desde la perspectiva de su Madre, y ese algo son los Dolores de la Virgen, sus siete Dolores. Estas piezas, combinación de una música deliciosa y de una letra tremendamente expresiva, nos ayudan a digerir e interiorizar las diferentes etapas que recorre María en su particular vía dolorosa. Si los unimos a las sencillas estrofas que, acompañadas por un sonsonete aún más sencillo, suenan en el Vía Crucis de la Procesión de Penitentes, tendremos dos ejemplos bien patentes de lo que es llevar al pueblo la Pasión desde la perspectiva de María y de su Hijo.

Centrándonos, porque ello es el objeto de esta publicación, en los Dolores de María, forman parte del patrimonio de este pueblo, pues se vienen cantando desde hace un siglo y es por ello, por lo que varias generaciones han compartido los sentimientos de dolor y belleza al mismo tiempo que destilan. Hay que transportarse con la imaginación a los años 40, por ejemplo, y asomarse a una iglesia repleta de fieles durante el Novenario a la Virgen de los Dolores y oír las palabras rotundas del predicador de turno que, desde el púlpito, iba desgranando los Dolores de María en un esfuerzo por hacerlos valorar o revivir en unos cristianos que acudían cada tarde puntuales a esa cita año tras año. Eran funciones muy largas pero que se hacían cortas porque se daban la mano la cuidada retórica de aquellos predicadores y la belleza musical que llegaba desde el coro a los oídos de tantos fieles que cada tarde rezaban, meditaban y gozaban al mismo tiempo.

Hoy casi todo ha cambiado. La iglesia ya no está ni mucho menos repleta de fieles, los predicadores ya no dominan el arte de la oratoria como los de antaño, pero siguen sonando desde el coro esos Dolores, aunque sólo sea en la festividad de la Virgen de esta advocación. Y, si esto se mantiene, justo es reconocer que se debe al empeño de José David Molina, entusiasta seguidor de la valiosa herencia del compositor, David Templado, quizás el patrimonio más valioso que nos queda en este pueblo. Y, junto a él, a un grupo de coristas que también se sienten satisfechos de contribuir a que esta riqueza no desaparezca.

Se ha tratado bastante sobre el valor musical de estos Dolores, sobre su armonía y muchos otros aspectos técnicos que los hacen realmente hermosos. Pero en este artículo vamos a centrarnos en la letra que sirve de sustento a esa música inigualable, y que también es algo digno de destacar.

Ignoramos quién es su autor. Lo que sí parece claro es que estas estrofas son anteriores a 1900 y que quizás se tomaron de un breviario que el compositor David Templado repasaría en la casa de su padre, Pepe Juan, que tenía una biblioteca religiosa bastante abundante, pues sus raíces cristianas eran muy firmes.

Si analizamos estas estrofas desde el punto de vista métrico, en su mayoría son, o bien redondillas (estrofas de cuatro versos octosílabos que riman 1º con 4º, 2º con 3º), o bien cuartetas (estrofas de cuatro versos octosílabos que riman 1º con 3º, 2º con 4º). La rima es consonante, aunque no siempre es perfecta.

Si hacemos un recorrido, aunque no pormenorizado, por los siete Dolores, hay que decir, en primer lugar, que casi todos ellos tienen más de una versión, distinta en letra y música (salvo el cuarto que repite la misma letra cambiando sólo la música) . Forman, por ello un retablo variado que, entrando por los oídos, y con la contemplación de la Virgen de los Dolores en el altar, llegaba y sigue llegando hasta el corazón de los fieles.

El Primer Dolor recoge la escena de la profecía de Simeón, ese varón “justo y piadoso” como lo llama San Lucas en su Evangelio. Es él quien, al llevar María a su Hijo al templo para cumplir con el rito de la presentación, le anuncia el trágico final de ese niño(“una espada atravesará tu alma”). Tres versiones hay de este dolor. Las tres recogen la imagen de la espada adjetivada como penetrante o descrita como de dos filos o de tristura (tristeza) en la tercera y casi desconocida versión. El uso de los adjetivos es, como en todos, tremendamente expresivo. Y es de destacar la referencia al Niño como “tierno infante” en contraste con la “espada penetrante” (debilidad frente a sufrimiento). Igualmente los versos “pasar” o “traspasar” o “partir” materializan y hacen más plástico el efecto que en su corazón tendría el anuncio de Simeón. La tercera versión es la única que nos da algún dato físico de la Virgen, cuando habla de “pálido semblante”. Las dos primeras versiones descubren el significado de la profecía, y hablan de la muerte, en el segundo caso con un adjetivo “acerba” que significa cruel; por el contrario, en la tercera, queda como sobreentendido ese significado, como algo que no hace falta descubrir porque ya se presiente, al igual que queda velado el nombre del anciano, refiriéndose a él como “vidente”. Hay que dejar constancia desde el principio de la abundancia de adjetivos en todos los Dolores, lo cual ayuda a hacer más expresivo el mensaje, y además que la mayoría van antepuestos al nombre, posición que es mucho más literaria que la posposición.
1
Cuando anunció Simeón
la muerte del tierno Infante,
fue espada tan penetrante
que pasó tu corazón.





2
Al presentar en el templo
al Hijo de vuestro amor,
una espada de dos filos
traspasó tu corazón.
Con aquella profecía
que te anunció Simeón
mostrándote de tu Hijo
su acerba muerte y pasión.

3
Con pálido semblante
escuchas del vidente
palabras que tu mente
bien pronto comprendió.
La infausta profecía
que su labio murmura
espada es de tristura
que tu pecho partió.

El Segundo Dolor recoge la huida a Egipto. Y conocemos dos versiones. La primera es mucho más sencilla limitándose a recoger el hecho de manera casi totalmente objetiva, como una crónica periodística, resaltando sólo el uso de un adjetivo “dolorida”, el único elemento lírico de la estrofa. Sin embargo, la segunda es mucho más plástica y sentimental. Nos da a entender la situación de dolor y sufrimiento interno y externo por el que pasó toda la familia huyendo de Herodes. Son dos cuartetas métricamente perfectas. Hay en esta versión imágenes muy expresivas, como “el Hijo de sus entrañas”, o la comparación del pecho como un “hondo abismo”, que además es acentuado por el último verso “del más grande sentimiento”. Pero quizás lo más destacable es la expresión “maternal heroísmo”, que parece algo contraproducente, pues el heroísmo y la fortaleza más bien parecería algo propio del varón en la visión tradicional; sin embargo, aquí se le atribuye a María. Todo el Dolor está lleno, además de palabras que nos dan adecuada idea de la tragedia vivida: el verbo huir (que ya indica irse para alejar algún peligro), el adjetivo “perseguida”, la expresión “tierras extrañas”, o los sustantivos pesar, tormento, abismo o sentimiento. En resumen, un bello cuadro de desgarramiento, potenciado aún más cuando se le acompaña de la sugerente música.
1
Entre sustos y temores
a Egipto huís dolorida
por que no pierda la vida
Jesús en manos de Herodes.




2
Huye a Egipto perseguida
cruzando tierras extrañas
sólo por salvar la vida
del Hijo de sus entrañas.
Con maternal heroísmo
del pesar sufre el tormento
y es su pecho un hondo abismo
del más grande sentimiento.


El Tercer Dolor (Jesús perdido y hallado en el templo) tiene dos versiones muy diferentes. En la primera de ellas, se quiere hacer tan partícipe a los fieles de la situación de aflicción de María, que se usa la primera persona, como si el fiel cristiano tuviera frente a frente a María y estuviera contemplándola en Jerusalén de un lado para otro preguntando por su Hijo. Otra vez un adjetivo de connotación negativa (afligida) y dos contraposiciones: vuestro/nuestro, perdido / hallado. Frente a esta versión más sencilla y sobria, la segunda es muy diferente y tiene elementos extraños al resto de Dolores. Se conserva manuscrita y por ello debe ser posterior a los que están editados. Apunta Antonio Yelo la posibilidad de que esta letra sea debida a la pluma de ese cura que tantas letras puso a la música de David Templado y que fue Don Juan Belmonte. Al margen de las expresiones que son mucho más “relamidas” que en el resto, la gran novedad es la introducción del diálogo entre la Virgen y las doncellas a las que pregunta por el paradero de Jesús. Ya la descripción de la cara de María es llamativa, con sus cabellos rubios y rizados (blondos rizos) y su color apagado (pálido el semblante); ello junto a la expresión de profunda preocupación (anhelante) nos dibuja a una mujer bella pero desfigurada en este momento por su desesperación. Tras esta descripción, lo más original, la apelación en imperativo a las “castas doncellas “ (como si dijéramos “buenas mujeres”) para que, por favor, le digan si han visto a su Niño. Y, como es necesaria una descripción del mismo para que ellas lo identifiquen, esta es algo hiperbólica o exagerada, pues el único dato que da es su blancura , que es tanta como la de un armiño, mamífero que se caracteriza por su piel blanquísima. Y, al final, la invocación adquiere tintes de fuerte súplica no admitiendo el silencio: “decídmelo, por Dios”. Es un fiel retrato físico e interior de la mujer desesperada que busca lo que más quiere.



1
¡Oh, qué afligida os encuentro
buscando en Jerusalén
vuestro Hijo, nuestro bien,
perdido y hallado en el templo!

2
Sueltos sus blondos rizos
y pálido el semblante
buscando va anhelante
al Hijo que perdió.
- Decidme, castas doncellas,
si habéis visto a mi Niño,
es blanco cual armiño,
decídmelo, por Dios.

Del Cuarto Dolor (Jesús por la Calle de la Amargura) sólo tenemos una versión literaria (aunque hay tres musicales) Y esta versión es muy breve, limitándose a una cuarteta, en la que se incide en una Virgen llorando. Y se cae en lo que se llama pleonasmo, es decir, usar algunas palabras innecesarias (llora con llanto). Pero, además, para reforzarlo aún más, el adjetivo prolijo (muy largo). La caracterización de la Virgen viene aquí expresada no por adjetivos, sino por dos sustantivos (vida y dulzura) que contrastan fuertemente con esa amargura, que da nombre a la fatídica calle que recorre Cristo en su pasión. Aquí María pasa a un papel de espectadora y abandona el papel protagonístico que ha tenido en los tres Dolores anteriores. Es una más entre aquella multitud que contempla el paso de ese Mesías que llevarían a la Cruz.
Llora con llanto prolijo
María, vida y dulzura,
viendo que cruza su Hijo
por la Calle de Amargura.

El Quinto Dolor (La Crucifixión de Jesús) tiene dos versiones. La primera es también más simple y descriptiva; la segunda, más compleja y dramática, como ocurre en todos los casos. La primera se limita a dibujar lo esencial, aunque con rotundas palabras, que inciden en la extrema dureza a que se somete al cuerpo de Cristo. Y se establece un paralelismo entre la situación del Hijo y la de la Madre. Pues los clavos atraviesan a uno físicamente y a la Madre interiormente. Se usa el epíteto (adjetivo innecesario) “duros “ aplicado a clavos y el verbo tan expresivo “traspasar”, todo ello además, hecho “sin compasión”. En los versos referidos a María, otra vez se repite la misma imagen del primer dolor. Si allí fue el anuncio de Simeón, la espada que pasó el corazón, aquí son los clavos clavados a Cristo los que producen el mismo efecto. La segunda versión es una escenificación de ese momento. Y es una llamada a la imaginación de los fieles para que recreen la escena del Calvario: Cristo en la Cruz (madero santo) y al pie, la madre llorando, con ese llanto que antes era prolijo y ahora es amargo, un paso más en el dolor. Los últimos cuatro versos tiene un cierto valor metafórico, pues se compara la situación de fortaleza en el dolor de María, con una ingente (grande) palma, es decir como si fuera una palmera que, a pesar de que sople el viento fuerte, a pesar de los embates que la mueven de un lado para otro, permanece firme sin desfallecer. El contraste entre la situación de su alma (destrozada) y la fortaleza interior (ni se rinde ni se abate) busca suscitar en los fieles esa reciedumbre ante la adversidad que debe mantener el que mira a la cruz de Cristo.
1
Con duros clavos traspasan
a Jesús sin compasión,
y a la vez con ellos pasan
de María el corazón.




2
Al pie del madero santo
se hallaba la Virgen María,
derramando amargo llanto
al ver que su Hijo moría.
Allí cual ingente palma
del dolor sufre el embate
y destrozada su alma
ni se rinde ni se abate.

El Sexto Dolor recoge la siguiente etapa en la carrera del dolor de María, y es el Descendimiento de la Cruz de su Hijo. Es sólo una cuarteta, pero con una gran valor plástico. Lo más destacable es la imagen poética que se usa para expresar la caída de la tarde, la hora en que la oscuridad vence a la luz, en que el sol ( el Astro del día) muere y se adueñan las tinieblas de lo que antes era claridad. Es una oscuridad no sólo atmosférica sino simbólica, porque viene a significar el estado en que queda el hombre y el mundo tras la muerte del redentor. En ese momento, se rompen los lazos del mundo y María otra vez se nos presenta a María no sólo llorando sino también lamentándose del final de su Hijo, al que tiene en sus brazos y está mirando. Tres protagonistas: la noche dueña de la situación; la Virgen llena de dolor; Cristo, cuerpo muerto ensangrentado sostenido por su madre. El resto ya no importa. Como, además, esta letra tan expresiva va acompañada de una música de gran efecto, que, especialmente en sus primeros compases, llega a sobrecoger, los fieles que escuchan entran dentro del misterio y comparten el dolor con María.
Muerto ya el Astro del día,
rotos del mundo los lazos,
rompe en lamentos María,
viendo a Jesús en sus brazos.

En el Séptimo Dolor se recrea ya a Jesús en el sepulcro. Hay dos versiones. En la primera, de gran fuerza literaria y musical. Se incide en la soledad de María que deja a su Hijo en el sepulcro. Para dar más fuerza a esa soledad, se le antepone el adjetivo “amarga”. La segunda versión, más explícita, comienza caracterizando a la losa con dos adjetivos que son epítetos (dura y fría); el tercer adjetivo intensifica el dolor de María, calificándolo de profundo. En la segunda cuarteta, queda María en una doble faz: por una parte, en esa amarga soledad que también se reflejaba en la anterior versión; pero, por otra, ella queda constituida como Madre de toda la humanidad. Dolor y glorificación, las dos caras de María, y las dos caras de la Pasión de su Hijo.
1
En el sepulcro escondida
tanta grandeza y bondad,
la Madre queda sin Hijo
en amarga soledad.





2
Una losa dura y fría
encierra al autor del mundo.
Queda la Virgen María
Sufriendo dolor profundo.
Deja a la que fue su vida
en amarga soledad,
y en Madre constituida
de toda la humanidad.

Este era el último peldaño en la escalera del sufrimiento de la Virgen Dolorosa que los fieles que llenaban el templo oían y vivían. Es evidente que hoy el ambiente ya ha cambiado, pero hay dos cosas que siguen incólumes: el valor artístico de estos Dolores y el mensaje cristiano que encierran. ¡Ojalá podamos seguir durante mucho tiempo oyendo estas letras con su música dentro de nuestra iglesia, de esta iglesia que en este año 2005 celebra el V Centenario de su creación como parroquia y que desde entonces ha sido foco que ha irradiado frutos cristianos por doquier!

Presentación Acto Día de la Mujer 2007

PRESENTACION DEL ACTO DEL DÍA DE LA MUJER 2007
HOMENAJE A LAS MUJERES DE LA AGRUPACIÓN MUSICAL “SANTA CECILIA”
José S. Carrasco Molina

Amigos y amigas: no cabe duda de que la celebración del Día de la Mujer ya ha pasado a ser algo tan enraizado en nuestra sociedad como la de esos otros días especiales que nunca se nos pasan por alto a lo largo del año.

A pesar de que parece un tópico hablar sobre la importancia de la mujer en la sociedad, es algo bien patente que en la película del desarrollo de nuestras sociedades, han pasado de ser actrices secundarias a convertirse en coprotagonistas.

Y ese salto ha sido posible no por concesión gratuita de nadie, sino gracias al empeño, al trabajo y al esfuerzo de todas las mujeres en todos los ámbitos de su vida, tanto en el personal y familiar como en el social.

Y en uno de los ámbitos en que la mujer ha ganado un importante y merecido protagonismo ha sido en el de la cultura. Y una de las caras, seguramente la más sugerente, de este variado poliedro que es el mundo cultural, es la música.

En nuestro pueblo somos todos testigos de la importancia y de la repercusión social que tiene la música, especialmente concretizada en nuestra Banda de Música.

La Agrupación Musical “Santa Cecilia” no es una asociación más en Abarán. Es la que mantiene, en una gran parte, las señas de identidad de este pueblo en sus momentos más entrañables. No se concibe una Navidad sin escuchar sus villancicos a los que le da un espíritu nuestro y diferente al de cualquier otra Banda; no se concibe una Semana Santa sin que las notas de la marcha “Nuestro Padre Jesús” del maestro Cebrián, interpretadas por ellos, cierren nuestros desfiles; no se conciben unas Fiestas de septiembre sin que vibremos al oír los compases de Davisín y Resortes salir de sus instrumentos.

Pero no se trata ahora de realzar el papel de la Banda en Abarán en su siglo de existencia, sino, en la celebración del Día de la Mujer, destacar y premiar el papel tan importante que la mujer ha ido adquiriendo en ella en los últimos años.

En primer lugar, reconoceremos el papel de las mujeres componentes de esa Agrupación, pues hoy, cuando sale a la calle o la vemos actuar en el teatro, comprobamos que hay casi veinte chicas enroladas en ella. Para llegar a esta situación han tenido que pasar ochenta años, pues la primera chica que se incorpora ya lo hace en 1980 y se trata de Lourdes Gómez Amorós. Tras ella, otras siguen su huella: Pilar, Maria Dolores, Arancha, Maruja…hasta hoy, que son casi el 40% de los componentes. Todas ellas, las que están y las que no, tienen un gran mérito y esta noche se lo queremos reconocer, porque han tenido que vencer muchos prejuicios y, a base de valentía, coraje y esfuerzo, han demostrado alcanzar una calidad de ejecución comparable a la de sus compañeros y entre todos, unos y otras, lograr ese conjunto armónico que forman. Son chicas que tienen que renunciar a muchas cosas por estar en la Banda, que dejan muchas diversiones para aprender la técnica musical y asistir a los ensayos. Pero que, a pesar de todo, han comprendido que la música es un importante medio de formación personal y que, además, prestan un gran servicio a la sociedad de la que forman parte.

En segundo lugar, hay que reconocer también el papel de la mujer como directiva de esta Agrupación. Son mujeres que están detrás, que no tocan ningún instrumento, pero cuyo papel es imprescindible para que la Agrupación siga viva. Tienen que hacer frente a una gran cantidad de problemas, dudas, incertidumbres… que sólo conocen los que están dentro, pero a pesar de todo, siguen adelante y el reconocimiento de hoy debe servirles de acicate para afrontar el futuro que no siempre se ve del todo claro. La imagen de Magnolia, Isa, Marta, Pilar, siempre detrás y arropando a la banda es la mejor garantía de que sus notas no dejarán de sonar en nuestras calles.

Pero, en tercer lugar, justo es hacer mención de otras mujeres que nunca se ven, pero cuya comprensión y tolerancia hacen posible también que la Banda siga funcionando y proporcionándonos cultura y alegría al mismo tiempo. Son las mujeres de los músicos, las que se quedan en casa con los hijos las noches de todas las épocas del año, porque el marido tiene que marcharse a ensayar o las que en los días de fiesta pasean solas porque el marido va en la banda. Nunca se les agradecerá bastante su papel callado y el reconocimiento de esta noche es sólo una pequeña muestra de lo que ellas se merecen.

Pues, gracias a todas, y ánimo para seguir adelante cada una en vuestro papel, porque, aunque no lo creáis, todas estáis contribuyendo a hacer un Abarán más culto, un Abarán más alegre, un Abarán mejor.
Muchas gracias.


Angel González o la cotidianidad inolvidable

ANGEL GONZÁLEZ, O LA COTIDIANIDAD INOLVIDABLE
José S. Carrasco Molina
Publicado en la Revista ABACO 2004

Si alguien me preguntara cuál es hoy , para mí, la imagen de un poeta, diría que Angel González. Pienso que la poesía lo ha elegido para que lo represente en la tierra y ante los mortales.
José Esteban


Esas palabras de un amigo del poeta asturiano objeto de este artículo, son el mejor compendio de la personalidad y la obra de Angel González.
Desde hace ya bastante tiempo, me encuentro entre los que el escritor Juan García Hortelano llama “angelólatras”, es decir, aquellos que rinden culto a este poeta.
Mi primer contacto con su obra fue con uno de sus sonetos, ese que comienza “Alga quisiera ser, alga enredada / en los más suave de tu pantorrilla”. Me impresionaron esos catorce versos y ellos me fueron llevando a otros y a otros y, cuanto más leía su obra, más me apasionaba esta forma de hacer poesía que parecía tan cercana, pero que, a la vez, era de gran calidad y profundidad. Y mi admiración, mi “angelolatría” me hizo escribirle una carta en la que le pedía que me enviara ese soneto autógrafo; y lo hizo, y desde entonces, lo exhibo, enmarcado, en mi aula, y me enorgullezco ante mis alumnos de que quizás sea esta la única aula del mundo en la que haya un poema de Angel González de su puño y letra. Y ellos tienen que sufrir esta “angelolatría” pues diariamente, en Bachillerato, se leen versos de este poeta, además de nombrar a Garcilaso, dos “castigos” que han de sufrir aquellos que reciben mis enseñanzas.
Porque, aun sin ser yo un crítico literario, ni falta que me hace, creo que no es ninguna barbaridad afirmar que Angel González es el mejor poeta vivo que tenemos en España.
Y tres son los rasgos que a mí mas me admiran de su poesía:
a) la capacidad de poetizar la realidad cotidiana de un contexto urbano.
b) el manejo magistral de la lengua con la creación de imágenes sorprendentes.
c) el uso de la ironía como instrumento para reflejar la realidad.
El escritor mejicano Bryce Echenique afirma algo que suscribo y que ha dado pie al título de este artículo:
“He admirado en Ángel la poesía que nombra la cotidianidad y la vuelve de inmediato sencillamente inolvidable. Que la eleva a alturas de gracia y hondura tremendamente conmovedoras”.
Es que Angel González se nos muestra cercano, próximo, porque toma como base de su poesía la realidad más cercana, la dinámica diaria del hombre, e incluso, a veces, frases hechas, refranes o aforismos que tenemos a mano. Pero todo ello, tocado por la varita mágica de su capacidad lírica, queda sublimado y convertido en poesía que eleva y emociona. El propio poeta nos confiesa la relación de su poesía con la vida real:
“Cuando comencé a leer, y en consecuencia a escribir, lo hice desde el convencimiento de que poesía y vida eran dos cosas diferentes, incomunicadas. Pasado algún tiempo, comencé a pensar que poesía y vida no eran necesariamente entidades incomunicables, que la palabra poética no tenía por qué referirse tan sólo a la irrealidad.”
Seleccionando unos pocos biográficos, diremos que nació en Oviedo en 1925, hijo de un profesor de pedagogía, que fallece en 1927. La guerra civil interrumpe sus estudios de bachillerato y supuso un cambio total en la vida de su familia, afectada por el exilio de un hermano y el asesinato de otro. Angel finaliza su bachillerato, iniciando y acabando los estudios de Derecho y Magisterio.
En 1951 de traslada a Madrid para ejercer el periodismo, pero, al no poder vivir de ello, prepara unas oposiciones a un cuerpo de la Administración central, en el que ingresa en 1954, pidiendo pronto la excedencia. En 195 publica su primer libro de poemas, “Áspero mundo”. A partir de 1972 y hasta 1992 ejerce como profesor de Literatura Española Contemporánea en Nuevo Méjico y actualmente su vida la divide entre América y España.
Seleccionar algunos fragmentos de su obra es tarea harto difícil porque en todos los poemas hay algo llamativo y sorprendente.
En muchas ocasiones, como hemos señalado arriba, el poeta toma frases hechas, a veces, tomada de textos sagrados, pero aplicando a ellos una ironía que esconde una situación personal de increencia, y, en muchas ocasiones, su visión desengañada del mundo y de la vida, algo que destila toda su obra, aunque en este poema se nos presenta de manera bastante desnuda y casi despiadada:
Si nuestro reino no fue de este mundo,
y sabemos de cierto que no hay otro,
dime lo que nos queda,
amigo,
dime lo que nos queda.
No es demasiado frecuente este grito de nihilismo; antes al contrario, A.G. envuelve ese desengaño vital, recubriéndolo a veces incluso con rasgos humorísticos, conseguidos, en ocasiones, por el juego ingenioso con las palabras:
Ni Dios es capaz de hacer el Universo en una semana.
No descansó el séptimo día.
Al séptimo día se cansó.
En más de una ocasión recurre a canciones populares para realizar en ellas una transmutación que nuca hubiera, sin duda, pensado el autor de la canción. Y es que el ingenio de nuestro poeta no tiene límites y es capaz de retorcer desde la frase evangélica hasta esta canción que tantas veces hemos oído y que le sirve como base para lanzar toda la ironía de que es capaz sobre una mujer de moral algo bastante distraída, recordándonos la afilada pluma de Quevedo:
Ese lugar que tienes,
cielito lindo,
entre las piernas,
ese lugar tan íntimo
y querido,
es un lugar común.
Por lo citado y por lo concurrido.
Al fin, nada me importa:
Me gusta en cualquier caso.
Pero hay algo que me intriga.
¿Cómo
solar tan diminuto
puede ser compartido
por una población tan numerosa?
¿Qué estatutos regulan el prodigio?
¿Hay alguien que sea capaz de decir eso a una mujer de una manera más sutil e ingeniosa. Ese es uno de los encantos de la poesía gonzalista.
Y, siguiendo con ese ingenio, fruto sin duda de una gran inteligencia, citamos ahora uno versos que pertenecen a un poema titulado “Cadáver ínfimo”, y que nos presenta la situación casi esperpéntica de un hombre que no se muere entero, sino a trozos:
Se murió diez centímetros tan sólo:
una pequeña muerte que afectaba
a tres muelas careadas y a una uña
del pie llamado izquierdo y a cabellos
aislados, imprevistos.
Todo ello lleva consigo toda la parafernalia de un entierro en toda regla, en el que, incluso, se presentan los amigos para dar el pésame, un pésame muy original:
“Esto no puede ser, esto no puede
seguir así. O mejor dicho:
esto debe seguir a mejor ritmo.
Muérete más. Muérete al fin del todo.”
Esa misma ironía es la que derrocha en este poema breve, pero muy chispeante, que comienza con un planteamiento y una expresión bastante cotidianos, pero que acaba en un desenlace realmente original, es decir, va desde lo cotidiano a lo inolvidable:
Le comenté:
- Me entusiasman tus ojos.
Y ella dijo:
- ¿Te gustan solos o con rimel?
- Grandes
respondí sin dudar.
Y también sin dudar
me los dejó en un plato y se fue a tientas.
Hemos citado, antes, como uno de los rasgos de su poesía, la creación de imágenes realmente sorprendentes, imágenes que nos trasladan a una realidad poética y a un mundo tremendamente rico en sensaciones: Y, como muestra, aquí van estos dos versos, de esos que hago memorizar a mis sufridos alumnos:
Cuando me duermo, un sol recién nacido
me mancha de amarillo los párpados por dentro.
Angel González nos ofrece también, en ocasiones, soluciones o recetas para problemas de nuestra vida cotidiana. He aquí las alternativas que nos ofrece ante el problema que se nos presenta muchas veces de tener que hacer un regalo, y no saber qué comprar. El nos da una solución realmente poética y sugerente:
Cuando tengas dinero, regálame un anillo;
cuando no tengas nada, dame una esquina de tu boca.
Los fenómenos meteorológicos están casi omnipresentes en la poesía de A.G., a veces como marco decorativo, y otras veces cobrando un gran protagonismo, como en este poema, titulado La lluvia, del que entresacamos su comienzo y su final:
No; la lluvia no te moja:
te resbala.
Tienes la piel de aceite, amada mía.
Ungida con aceite, perfumada.
(...)
La lluvia que ha mojado tus cabellos
no ha mojado tu cuerpo ni tu cara.
En el poema “Canción de amiga”, de su último libro, “Otoños y otras luces”, es el invierno el que se convierte en protagonista, con un frío que, comienza en el exterior, pero que penetra en el yo del poeta, que reconoce que no es el invierno el causante de su estado de frialdad interior. De él entresacamos tres versos que nos presentan tres imágenes cargadas de poeticidad, tres retratos líricos de la estampa de la ciudad en invierno:
Las calles de la ciudad son láminas de hielo.
Las ramas de los árboles están envueltas en fundas de hielo.
Las estrellas tan altas son destellos de hielo.
Sería interminable la relación de versos o poemas de A.G. que dejan su huella en la sensibilidad del lector amante de la poesía. Pero, como última muestra, este en el que el amor y la Naturalezas se dan la mano, representados por la mujer y el río. La mujer ha sido desde siempre tema y objeto de la poesía; y también lo ha sido, la Naturaleza, y en ella, los ríos, esos que muchas veces han simbolizado el fluir del tiempo (“nuestras vidas son los ríos”). Pero Angel González, en este inolvidable poema, transforma el curso lógico de la Naturaleza y hace que el curso del río, su fluir vaya dependiendo del caminar de la mujer, que es seguida por el río, en unas maravillosas imágenes poéticas inigualables:
Por aquí pasa un río.
Por aquí tus pisadas
fueron embelleciendo



Ricote en el Quijote



EL NOMBRE DE RICOTE EN EL QUIJOTE
Este año 2005 es (o debería ser) un año muy especial para el Valle de Ricote, una comarca de nuestra región tan sugerente como desconocida. Y es que se celebra el V Centenario de la creación “oficial” de las Parroquias del Valle merced a una bula del papa Julio II. Es una conmemoración que está haciendo muy poco ruido porque el peso específico del Valle en la Región es mucho menor del que le corresponde. La conmemoración que sí está llenando la vida sociocultural de España es el cuarto centenario de la primera edición del Quijote.
Y esa obra, la novela de las novelas, viene a inmortalizar, precisamente el nombre de este Valle, pues en ella, entre sus muchos personajes, aparece uno al que el genio cervantino bautiza con el nombre de RICOTE.
¿Qué es lo que motiva al autor de Alcalá de Henares a llamar así a uno de los personajes de mayor calado del Quijote? Sin duda, la explicación hay que buscarla en un hecho histórico importantísimo en la historia de España y, en especial, en la de este Valle: la expulsión de los moriscos. Porque el personaje cervantino era un morisco y el nombre de este Valle, si por algo aparece en los libros de historia, es porque de aquí salieron los últimos moriscos de España, ya en 1614, pues, debido a su arraigo y a sus costumbres, ya parecía que habían abrazado sinceramente la fe cristiana y desde los poderes políticos y religiosos muchos no veían bien esta expulsión.
Este hecho, unido a la existencia en la villa de Esquivias, patria de la mujer de Cervantes, de algunos moriscos procedentes de Granada de apellido Ricote, determinó al autor a bautizar al morisco con este nombre.
Pero, ¿cómo dibuja Cervantes a este morisco? ¿podemos extraer de ello conclusiones fidedignas sobre la opinión cervantina sobre este hecho tan controvertido en su momento?
Ricote aparece en el cap. 54 de la segunda parte y llega disfrazado junto a un grupo de peregrinos-limosneros que vienen de Alemania. Se encuentra con Sancho, su antiguo vecino, y le cuenta sus aventuras desde que fue expulsado de España. En su relato, se deja ver como un hombre de gran patriotismo (“donde quiera que estamos lloramos por España”), que come jamón y bebe vino, que habla perfectamente el castellano, “sin tropezar nada en su lengua morisca”, que pide a Dios que lo haga aún mejor cristiano y que incluso justifica la orden de expulsión de los de su raza.
El profundizar en este personaje exigiría un espacio del que no disponemos, pero, de lo apuntado, ¿podemos concluir que Cervantes estaba a favor de la integración de los moriscos y no de su expulsión? . Podríamos pensar que sí, si no tuviéramos en cuenta otras dos obras, El Coloquio de los Perros y el Persiles, donde el autor despotrica contra los de esta raza, calificándolos como víboras, serpientes o “morisca canalla”.
Esta ambivalencia, estas posturas equívocas, al menos aparentemente, son susceptibles de varias interpretaciones y hacen aún más apasionante la profundización en la obra del genial autor alcalaíno.
JOSE S. CARRASCO MOLINA
Cronista Oficial de Abarán

Entrevista sobre el Día del Niño

ENTREVISTA A JOSE CARRASCO MOLINA

- Nacido en Abarán el 18-2-56
- Actividad profesional: Catedrático de Instituto en el IES “Diego Tortosa” de Cieza en la especialidad de Lengua Castellana y Literatura
- Otras actividades:
Cronista Oficial de la Villa de Abarán desde 1983
VicePresidente del Centro de Estudios Abaraneros
Presidente de la Hermandad de los Santos Médicos de Abarán

- Qué es el Día del Niño?
- Es la denominación que se da a una fiesta que se celebra en Abarán el 6 de enero, día de la Epifanía del Señor, es decir, el Día de Reyes, que aquí pasa a denominarse Día del Niño y que es, sin duda, dentro del calendario anual, la fiesta más peculiar y participativa, pues no en vano es todo el pueblo el que se integra en ella, incluyendo también a aquellos que viven fuera y que hacen todo lo posible por estar presentes en su pueblo para esta fiesta. A ello hay que añadir la gran cantidad de forasteros que llega a disfrutar de esta fiesta, especialmente de los pueblos limítrofes.
La fiesta realmente empieza por la mañana con la Misa solemne que se celebra en la Parroquia de San Pablo y que se canta en latín, Misa que es la misma que se canta en la Misa del Gallo y que se viene cantando ya varias décadas y que fue compuesta por José ramón Gomis. Tras ella, una imagen del Niño acompañada por los Reyes Magos, que han asistido también a Misa, se desplaza a la Residencia de Ancianos para ser adorada por los ancianos allí acogidos viviéndose los primeros momentos entrañables de la jornada.
Paralelamente, y desde hace unos veinte años, un grupo de abaraneros, portando una imagen del Niño se desplaza a los diferentes centros sanitarios para visitar a los enfermos de esta localidad que se encuentren en ellos.
Ya por la tarde, sobre las tres, hay una primera salida general de varias imágenes de la Parroquia de San Juan Bautista y que recorren los barrios más separados del centro urbano.
Pero el momento culminante de la fiesta es la salida de las imágenes de la Parroquia de San Pablo, la más antigua. Con el atrio rebosante de gente de todas las edades, sobre las ocho de la tarde, salen de la puerta lateral, las diferentes imágenes portadas por sacerdotes o seglares y acompañadas por un animero que, con su alforja y campanilla va anunciando la llegada del Niño en cada casa.. El pueblo prorrumpe en vivas y villancicos y los portadores apenas pueden abrirse paso para comenzar cada uno la ruta correspondiente. A partir de ese momento, todas las casas, una por una, recibirán la visita de la imagen del Niño, que será besada por cada uno de los familiares y amigos que se reúnen en el domicilio para ese fin. Al entrar en cada casa, el portador anuncia “El Niño Jesús en esta santa casa”, a lo que se responde “Bienvenido sea”, para despedirse con un “Hasta el año que viene”. Son aproximadamente, unas tres mil casas, por lo que el recorrido dura varias horas, recogiéndose las imágenes otra vez en la Parroquia de San Pablo pasadas las cinco de la madrugada del día siete de enero.

- ¿Cómo y cuándo surgió esta fiesta?
- La realidad es que no tenemos constancia documental para dar respuesta exacta a estas dos cuestiones. Es por ello por lo que debemos basarnos en hipótesis más o menos fiables. Sobre la antigüedad, podemos datar su origen como máximo dos siglos atrás. Y sobre el porqué, podemos esbozar dos posibilidades. Según una de ellas, la imagen del Niño, tras la Misa de la mañana sería llevada a las casas de los enfermos, que no habían podido besarla en la iglesia. Con el tiempo, también querrían hacer lo mismo, los familiares, vecinos... y así pasaría a visitar uno por uno todos los hogares del pueblo. Evidentemente, al principio, por ser el pueblo pequeño, sólo habría una imagen, y hoy son ya nueve.
Otra posibilidad, menos “literaria” pero quizás más real, sería que esta salida del Niño a las casas nacería con la finalidad de recoger fondos para las Animas, pues no hay que olvidar que es la Hermandad de Animas la organizadora y depositaria de la fiesta.

- ¿Cuál es su importancia en la localidad?
- Como ya he sugerido antes, es la manifestación popular que más trascendencia tiene, pues es la única que es vivida por TODAS las familias del pueblo. En Abarán, junto a este día, también hay otros dos momentos muy populares. Uno es la procesión de la Reverencia, el domingo de Resurrección, que reúne en la Plaza del Ayuntamiento y alrededores a miles de personas. Y el otro es la Procesión de los Santos Médicos el 26 de Septiembre, en la que también se reúne muchísima gente. Pero en el Día del Niño nadie queda fuera de la fiesta porque todas las casas le abren las puertas a la imagen del Niño.

- El grado de participación y modo de celebración ¿varía de unos colectivos a otros, de unos niveles socioeconómicos a otros?
- La verdad es que no hay gran diferencia, aunque está claro que, como la fiesta tiene una dimensión festiva junto con la religiosa, esa dimensión es más vivida por el sector más joven de la población. A la diversión en la calle con la música de villancicos se suma todo el pueblo, pero muy especialmente la gente joven y de mediana edad. Desde el punto de vista socioeconómico, no hay grandes diferencia, pues cada familia, en la medida de sus posibilidades, intenta obsequiar a los amigos que llegan a su casa con lo mejor que tiene en su despensa.

- ¿Cuál es el momento más importante para los abaraneros en general y para ti en particular?
- Pues hay tres momentos especiales, cada uno con su significación. El primero es la salida de los Niños de la Parroquia de San Pablo y tiene un carácter multitudinario, pues miles de personas se arraciman para esperar que hagan su aparición las imágenes. El segundo es la visita a cada casa, que tiene un carácter más íntimo y familiar. Y el tercero es la recogida, que, ya muy entrada la madrugada, es un recuerdo a los difuntos que ya no están participando de la fiesta. Yo le encuentro un encanto especial a los tres, pero me quedo con la llegada de la imagen a mi casa con lo que supone de unión entre la familia y entre los amigos. Por otra parte, es tremendamente entrañable y emotiva la visita del Niño a las casas en que ha habido algún fallecido durante el último año, pues el silencio es sobrecogedor y las lágrimas afloran abundantemente.

- ¿Qué sentimiento es el que hace tan especial e importante este Día, el religioso o el sociofamiliar?
- Los dos van unidos indisolublemente. Es evidente que el origen de la fiesta es religioso, pero también está claro que, en una sociedad laica como la nuestra, no podemos obligar a nadie a que sienta la fe en su interior. Sin embargo, sí hay que hacer notar el que, aún a pesar de que, como está claro, no en todas las familias se vive un ambiente cristiano, sin embargo, ninguna se niega a la visita del Niño y todas lo reciben con un respeto realmente digno de mención.

- ¿Podrías hablarme de la figura de los Animeros?
- La Hermandad de Ánimas ha celebrado este año el primer centenario de su existencia o, al menos, de que hay constancia escrita de su fundación. A lo largo del tiempo, siempre han sido gente muy sencilla sus componentes, aunque ya hoy sus edades y extracción social son bastante diferentes. Su finalidad primera era la de organizar esta fiesta en todos sus aspectos y dedicar el dinero recogido en cada casa para decir misas a las Animas durante el año. Hoy la mayor parte de lo recaudado se destina a la organización de la fiesta (pólvora, bandas de música, publicaciones...), dejando también un porcentaje para cada una de las dos Parroquias.
En relación con su papel en la fiesta, ellos son los que portan las imágenes (pues ya cada vez son menos los sacerdotes), los que llevan la alforja y la campanilla que anuncia que pronto va a llegar el Niño a la casa y los que llevan (aunque ya hoy esta costumbre se ha perdido) dos faroles acompañando a cada imagen y que indican el lugar exacto en que se encuentra el Niño.
La realidad es que su trabajo tiene un gran mérito porque son horas y horas de intensa actividad y, por supuesto, sin esperar ninguna recompensa a cambio, sólo la satisfacción de haber colaborado en que esta tradición no desaparezca.

- La emoción y el sentimiento por este Día, a nivel individual e íntimo, ¿crees que es la misma a lo largo de toda la vida de un abaranero?
- Está claro que la evolución psicológica de la persona influye en todas las facetas de su vida y el disfrute y la vivencia de la fiesta no podía ser menos. Si de niños o jóvenes, nos atraía más la vivencia de la fiesta en la calle, conforme vamos cumpliendo años, nos es más atrayente la vivencia familiar. No obstante, todas las edades participan, en mayor o menor grado, de ambas vertientes de la fiesta. Y, al igual que se ve a gente muy mayor, bailando al son de villancicos en la calle, se observa a los adolescentes y jóvenes estar pendientes del reloj para no llegar tarde a la visita del Niño a su casa.

- ¿Cómo describiría esta fiesta a una persona que nunca ha estado en Abarán el 6 de enero?
- La verdad es que es muy difícil, porque al ser una fiesta que tiene una fuerte dimensión personal y familiar, el que viene de fuera muchas veces puede sentirse defraudado. ¿Cómo explico yo el sentimiento de besar cada año el niño junto a mis padres y hermanos? ¿Cómo se puede explicar lo que se siente en esas casas en que un familiar a fallecido o hay un enfermo grave? ¿Cómo se puede expresar esa ansiedad porque llegue el Niño que siente cada familia o ese recuerdo a los difuntos en la recogida o esa ansia por tocar las imágenes a la salida entre la multitud? Y es que esta fiesta, más que interés turístico (como algunos defienden), tiene un interés humano.

- ¿Crees que hay algo que debería cambiarse?
- No podemos pretender volver a la vivencia de la fiesta de hace cincuenta o cien años, cuando el componente familiar y religioso era mucho más importante que el puramente lúdico. Los tiempos cambian y no se puede ir contracorriente. Hay que aceptar la fiesta como hoy es y procurar, eso sí, potenciar lo autóctono y suprimir aquello que se le va añadiendo en aras de una mayor “pomposidad”. El origen de la fiesta es sencillo y esa sencillez debe presidirla siempre.

Nicolás Gómez Tornero,una figura emblemática

NICOLAS GOMEZ TORNERO: UNA FIGURA EMBLEMÁTICA
(19- 4- 02)
José S. Carrasco Molina

Aunque es evidente que quedan muchos temas de la realidad de nuestro pueblo sin descubrir, muchos aspectos sin sacar a la luz, la verdad es que cada vez se hace, al menos para mí, más complicado encontrar un tema que pueda resultar atractivo y sugerente para los que venís siguiendo estos Cursos.

Y se hace difícil porque hemos de poner en juego dos componentes de nuestra personalidad que a menudo entran en colisión: la cabeza y el corazón, o sea, las ideas y los sentimientos. Si sólo ponemos en juego aquellas, el resultado puede ser algo frío y árido; si, por el contrario, inclinamos mucho la balanza en el lado de los sentimientos, podemos resultar sensibleros o lacrimosos a nuestra audiencia. Es por ello necesario, aunque muy difícil, encontrar el equilibrio, la equidistancia, la proporción justa y adecuada de los dos componentes. Pero hay que empeñarse en ello, porque además la historia no es más que una mezcla de ambas cosas. El devenir de cada persona, de cada pueblo, de cada nación, es la sucesión de grandes o menos grandes ideas pero salpicadas con sentimientos que las hacen realidad. La Historia no es, no debe ser, por tanto, algo frío, algo alejado del palpitar del hombre, de cada hombre o mujer. ¿Es que detrás de las grandes batallas, además de tácticas o estrategias de combate, no ha habido ilusiones, esperanzas o temores? , ¿Es que, en el interior de los grandes personajes que aparecen con mayúscula en nuestros libros, no hay personas que han sentido alegrías y tristeza, amores y desengaños? .

Pues voy a intentar esta noche, con vuestra comprensión y con la ayuda de esos dos hermanos gemelos que veneramos en la Ermita, transmitiros ideas y sentimientos para llegar con mis palabras a vuestra inteligencia y a vuestro corazón.

Y me imagino que esta noche estos dos hermanos, que ya sabéis que son Cosme y Damián, me iluminarán más que otras veces, porque se trata de hablar de una persona a la que ellos deben mucho, pues le deben nada menos que la Ermita en la que les damos culto. Y esa persona es Nicolás Gómez Tornero.

Centrar la charla sobre un personaje siempre es arriesgado porque se puede caer en la lisonja excesiva o casi en la santificación. Y es algo evidente que hasta los santos que aparecen en nuestro calendario tuvieron aspectos oscuros o discutibles en su existencia. Pero se trata de sacar siempre la lección positiva que de ellos, como de cualquier persona, se puede extraer.

No es descubrir nada nuevo el afirmar que en nuestro pueblo, a lo largo de toda su historia, no ha nacido ninguno de esos personajes inmortalizados en los libros y que hacen que el nombre de un pueblo traspase fronteras. Es la nuestra una historia cuyos protagonistas han sido gentes anónimas que han hecho del trabajo su mayor actuación estelar, que han convertido el esfuerzo en su norma de vida y el sudor en el estribillo de su música diaria. Gentes sin escudos ni blasones, sin apellidos altisonantes, sin títulos nobiliarios pero con el corazón abierto y la mano tendida. Gentes que le han dado casta a esta tierra sin castillo, como diría nuestra paisana Amalia Gómez.

Entre estas gentes, no cabe duda de que la figura de NICOLÁS GOMEZ TORNERO ocupa un lugar privilegiado. Pero, antes de centrarnos en su figura, me parece conveniente enmarcar su figura en el contexto en el que vivió. Y, en este punto, creo que no es descubrir nada nuevo el afirmar que la plenitud de la actividad económica y social de Nicolás tiene lugar alrededor de los años 20, refiriéndonos con esa cifra a los años que van desde el año 1910 hasta el 1925.

Y es en esos años cuando nuestro pueblo alcanza una pujanza que no ha sido después igualada en todo el siglo XX. En ese momento se reúnen en Abarán un conjunto de individualidades que, en los diversos campos de la vida social, destacan por su gran brillantez y que, además, tienen un gran amor a su pueblo que hace que apliquen sus cualidades a la mejora de las condiciones de vida de la sociedad en la que viven. Son gentes con un gran sentido del arraigo y de la pertenencia a una cultura, a unas costumbres y a una forma de ser.

Es verdad que, para hacer la historia de una época con visos de veracidad, hay que dejar transcurrir el tiempo para que este ponga a las personas y a los acontecimientos en su sitio. A veces, la perspectiva cercana nos nubla la vista y nos hace juzgar a las personas o a los hechos con cierto apasionamiento positivo o negativo. Y entonces la historia deja de ser algo científico y riguroso para convertirse en una crónica personal más o menos caprichosa.

Pues, arriesgándome a caer en este peligro, recién terminado el siglo XX, siendo muy atrevido por mi parte, valorando en conjunto lo que ha supuesto para nuestro pueblo, analizando su devenir histórico, creo poder afirmar que ha habido dos períodos especialmente fructíferos, esos años 20 que ya he citado y los años 60. Han sido las dos décadas más florecientes de la vida de este rincón del Valle.

Os confieso que, en estos últimos días, le he estado dando muchas vueltas a este punto y he pensado que hubiera sido un buen tema para la charla esta comparación de los dos momentos en Abarán. Pero creo que una breve comparación es pertinente en esta charla que lleva como título la figura de un hombre que vivió en los años 20 y que, en los años 60, aunque ya fallecido, se siguió notando su obra y su influencia.

En esta comparación de las dos décadas, aunque no he tenido tiempo de profundizar, observo que hay en bastantes campos de la vida social personajes destacados que guardan, generalmente por su inteligencia o capacidad, un cierto paralelismo. Observo, igualmente que hay ciertos hechos aglutinadores que vienen a despertar algo que en otros momentos está dormido o en estado casi vegetativo: el orgullo de ser de Abarán.

Centrándonos en los personajes de ambos períodos, si enfocamos el catalejo de la historia a los años 20, observamos como gentes distinguidas en los diferentes campos a D. Nicolás Gómez, en el mundo de la economía con base agrícola, y a D. José Templado en el campo del papel y la madera; a D. José Yelo de Valentino como figura política de primer orden; a D. David Templado en el mundo de la cultura, en su caso, musical; a los hermanos García Candel y D. Antonio Yelo Marín en la enseñanza; a D. Jesús Templado y el Doctor Molina en la medicina; y en el ámbito religioso, a una figura muy especial y ejemplo de auténtica pobreza evangélica, D. Juan Belmonte Castaño. Son todas figuras de primer orden dentro del contexto de un pueblo y constituyen el motor de Abarán porque, como hemos apuntado antes, ponen su valía al servicio de la sociedad en la que viven.
Cualquiera de ellos, hubiera podido conseguir metas muy altas más allá de la Garita, y muchos tuvieron en su mano el hacerlo, pero renunciaron a ello y supieron realizarse plenamente en el pueblo de sus amores. Pero, junto a las individualidades, se hace preciso destacar la importancia del asociacionismo, centrado especialmente en dos entidades: la Cámara Agrícola, situada en el actual Casino y que llegó a tener una Caja de Ahorros, y la Gran Peña en la Plaza Vieja, en lo que después fue Acción Católica y hoy, un moderno pub. Además, en estos años hay un hecho clave que sirve para aglutinar a la sociedad abaranera, a unirla como pocas veces ha estado en nuestra historia (¡quién iba a decir que, pocos años después, se iba a dividir tan trágicamente!), y ese hecho es la instalación del Motor Resurrección, motor de agua y de riqueza, de riego y de esperanza. Os he de confesar que, si se pudiera elegir la fecha en la que uno ha de nacer, yo hubiera elegido los años 20 y eso es algo que siempre he dicho. Pero esa imposibilidad material de disfrutar de aquellos momentos y gentes, he procurado suplirla con el conocimiento y la imaginación. Y así he profundizado en algunos de sus personajes y me he visto sentado en un pupitre oyendo recitar la Canción del pirata a Don Jesús el Inspector; y he oído los sones de “Davisín” a la banda dirigida por el Maestro David; y he escuchado en la iglesia los enfervorizados sermones de D. Juan Belmonte atacando la pintura en los labios de las mujeres como obra del demonio; y he paseado en la Ermita acompañando a Nicolás contando cosas de su apasionante vida. Son personajes a los que no he visto, pero sí he visto; no he conocido pero sí he conocido.

Y, tras este repaso muy somero por los años 20, damos el salto a los sesenta, el otro momento, al menos para mí, brillante en el desenvolvimiento de la vida de este pueblo. Si echamos la mirada sobre las figuras sobresalientes de esta época, aún con el riesgo que entraña, como hemos dicho, el estar hablando de una época cercana en el tiempo, observamos en el ámbito de la política, la figura de José Ruiz Gómez, cuya actuación habrá que enjuiciarla adecuadamente cuando transcurra más tiempo; en el ámbito de la enseñanza, la figura sencilla pero de gran formación de D. José García Lucas; en el mundo de la cultura, la importante contribución de D. Pedro García Carrillo; en la medicina, D. Bernardo Guillamón y D. Victorio Yelo atraen enfermos de todos los pueblos de alrededor; en la economía, el auge de la exportación de fruta en fresco tras la decadencia de las fábricas de conservas está protagonizado por personas que nacen de la nada, como Carmelo Morte y algunos otros; en la religión, otro Don Juan, Don Juan Sáez, hoy camino de la beatificación, también con un gran sentido de la pobreza aunque con un carácter muy diferente al anterior. Y, si buscamos, como hemos hecho en los años 20, otro acontecimiento aglutinador de primer orden, que mueve y hace vibrar a todo un pueblo y que le da fuera de aquí tanto nombre y fama como la exportación, ese hecho es de carácter deportivo y es el ascenso del Club Deportivo Abarán a Segunda División, ascenso por cierto, que fue revivido en una de las noches más entrañables que han tenido estos cinco Cursos. Sin embargo, a pesar de las concomitancias que hemos encontrado, hay una diferencia importante y es que en los años 60 surgen individualidades, pero no hay prácticamente ningún grupo o asociación como en los años 20 que sirva de dinamizador social de este pueblo. Ello es tal vez una de las causas de que, una vez que la actividad de estas individualidades, también muy notables, decae por la edad o por otras causas, el pueblo se resiente en todas las parcelas de su vida.

El personaje que da título a esta charla no disfrutó de ese bienestar y alegría de los 60, pues falleció en el 51, pero sí protagonizó de manera decisiva la vida de Abarán en los años 20. Según mi criterio, la figura de Nicolás Gómez es, quizás, la figura más emblemática del siglo XX en nuestro pueblo, porque su mano se deja notar (aunque siempre de forma muy callada) en todos los grandes retos del Abarán de entonces. Es imposible saber cómo se hubiera desenvuelto nuestro pueblo sin su influencia, pero quizás podemos afirmar que hubiera sufrido un retraso considerable en muchos ámbitos de su vida. Es por ello por lo que me parece de justicia dedicarle un hueco en este repaso de nuestra historia que son los Cursos que organizamos, al igual que hemos hecho con la impresionante labor fotográfica de Enrique Templado que hemos expuesto.
Porque es de justicia reconocer que en nuestro pueblo no hemos sido muy agradecidos con los que nos han precedido y hemos tardado mucho tiempo en dedicarle, por ejemplo, a algunos una calle, como a nuestro personaje de hoy y además, cuando ya no pueden gozar de este agradecimiento en vida. Una de las cosas que creo que hemos conseguido con estos Cursos es paliar en parte esta situación y hemos traído a la palestra el nombre y la obra de muchas gentes que se lo merecían.

A este respecto, viene bien traer ahora a colación, las palabras que aprueba el Ayuntamiento Pleno de Abarán, el día 15 de Julio de 1930, cuando se le dedica el Parque a la memoria de Valentino:
“Ya que en su vida no tuvo la satisfacción de recibir el público testimonio de reconocimiento que su conducta ejemplar y patriótica mereció, rindamos nosotros ahora un tributo de merecida justicia, cuya norma generosa sirva de ruta y estímulo a las generaciones futuras”.

Si comenzamos por los datos biográficos, diremos que, según consta en el Libro de Bautismos de nuestro Archivo Parroquial el día 24 de Diciembre, es decir, el día de Nochebuena del año 1867, el coadjutor de la Parroquia D. Gregorio Molina, puso de nombre Nicolás Gregorio a un niño nacido el día anterior, hijo de José Gómez y Joaquina Tornero, siendo los padrinos José e Isabel Tornero, tíos del pequeño.

Si le seguimos los pasos en el Archivo, descubrimos que contrajo matrimonio el día 15 de Noviembre del 91 con Piedad Gómez Gómez; ambos aparecen como propietarios y ella tenía 25 años, uno más que él, siendo, como sabéis los mayores, hermana de un cura abaranero muy típico, Don Anselmo Gómez. Para poder llevar a cabo este matrimonio, según reza la partida del Libro quinto de Desposorios, tuvieron que obtener la bula de dispensa de su Santidad el Papa León XIII, por ser parientes en cuarto grado de consanguinidad. De ese matrimonio, domiciliado en la Calle Canóvas, después Queipo de Llano y ahora doctor Molina, en su número 5, nacen cuatro hijos: Claudia, Piedad, Desideria y Eugenio.

La tercera inscripción es la de su muerte, ocurrida el 11 de enero de 1951 a las dos de la tarde, a consecuencia de una bronconeumonía, siendo enterrado al día siguiente, habiendo otorgado testamento el 2 de octubre de 1933 ante el notario de Murcia D. Rafael de Lara.

Pero, más que los fríos datos biográficos, nos importan los rasgos vitales. Y para darlos a conocer, he consultado los libros de actas del Ayuntamiento, otras publicaciones y a algunas personas como Carrascás, José María Villalba, María Luisa de Gálvez, Don Pedro, Enrique de la Luz. Y el testimonio de todos y, en general, de todo el pueblo es unánime: NICOLÁS ERA UNA PERSONA ESPECIAL.

Y es verdad. Era especial porque en él se dieron una serie de cualidades que, al menos según mi opinión, ya no se han vuelto a dar juntas en esa medida en nuestro pueblo. Y esas cualidades, yo las resumiría así: Nicolás era un hombre con gran visión empresarial y, al mismo tiempo, con una gran sensibilidad social y esta en dos aspectos: en el ámbito laboral , es decir, dentro de su empresa; y en el ámbito municipal, o sea, en el contexto de su pueblo.



Centrándonos primero en su capacidad o visión empresarial, nuestro personaje, como no podía ser menos, centra su actividad en la agricultura. Comienza llevando la fruta en carros a Madrid, donde la recibía el tío Pintao, que era asentador en la capital. El viaje solía durar entre 5 y siete días y aún así los géneros llegaba en buenas condiciones, pues no hay que olvidar que su cultivo era totalmente natural, pues todavía no se había extendido el uso de abonos inorgánicos. Naturalmente, ello ayudaba a que fueran más resistentes y pudieran aguantar aquellos lentos transportes de nuestros antepasados. También tenían un sabor infinitamente superior a los frutos que se cosechan ahora.

Nos imaginamos a nuestro personaje bajo el terrible sol de la Mancha, haciendo esos viajes que se le harían interminables, deseando llegar en el viaje de ida al Mercado de la Cebada y, una vez realizada la descarga y la venta, volver otra vez, ahora a una mayor velocidad, soñando con volver a entrar por el Portichuelo. Pero Nicolás era joven y, aunque en aquellos viajes le vendrían muchos sueños y proyectos a la cabeza, seguro que a sus veinte años, no podría nunca imaginar que llegaría a amasar una de las fortunas más importantes de España. Pero su esfuerzo, su tesón, sus sudores, mezclados en la dosis justa con una fina inteligencia lo hicieron posible.

Hacia 1907, instalada en Abarán la empresa conservera francesa Champagne Frères Limited, que en nuestro pueblo siempre han sido conocidos como “Los Champanes”, fábrica situada en el actual edificio de Los Mortes y que sirve de fondo a la foto del cartel de este Curso, Nicolás entra de encargado, quedando desde el principio los gerentes, varios hermanos, muy satisfechos del trabajo de Nicolás. En una ocasión, le encargaron que fuera a comprar ciruelas al Norte y que el precio rondase las cuatro pesetas la arroba. El compró casi toda la ciruela y le salió tan barata (a poco más de dos pesetas, que la empresa ganó una fortuna. Los hermanos Champagne, agradecidos, le dieron una gratificación de 18.000 duros, cantidad que le sirvió para construir su propia fábrica de conservas junto al Teatro Cervantes. El 19 de enero de 1912, el Ayuntamiento, presidido por D. Antonio Castaño, vista la solicitud de licencia presentada por D. Nicolás Gómez Tornero, para establecer una fábrica de conservas de frutas en la calle Real (actual David Templado) en un solar de su propiedad, utilizando también otro almacén de su propiedad inmediato a dicho solar, acuerda darle el visto bueno “considerando que el establecimiento que se promete instalar el sr. Gómez Tornero no es peligroso, insalubre ni incómodo y sí puramente industrial, y, por tanto, no ha de proporcionar molestias a los vecinos, máxime cuando el terreno donde se va a instalar la fábrica se encuentra casi aislado de viviendas”. Es un dato este último muy significativo, pues nos da a entender que en esos años, toda la zona alrededor del Teatro Cervantes, estaba casi despoblada. Hoy de esa fábrica ya que queda nada, pues ha dado paso a un moderno edificio en cuyo solar han quedado enterrados recuerdos y vivencias para llenar varios libros. La almacén de Nicolas, con esa “N” como marca que ha llevado el nombre de nuestro pueblo por doquier, era algo más que un lugar de producción, era todo un símbolo de nuestro pueblo. Su chimenea, su sirena, sus calderas, han sido un marco de convivencia fructífera y entrañable.
Nicolás, establecido por su cuenta, no rompe totalmente su relación con “los Champanes” sino que, a petición de ellos, sigue comprando fruta para ellos a comisión.
Pero la gran oportunidad de nuestro personaje llega con la Primera Guerra Mundial. Los envíos de fruta a los mercados europeos, en especial a Inglaterra, eran escasos y muy problemática su llegada a destino. El Atlántico se hallaba plagado de submarinos alemanes y los torpedeamientos estaban a la orden del día.
Nicolás, con aquella clara visión que tenía de los negocios, en colaboración con otros exportadores como Antonio Gómez, personaje al que merece la pena ir descubriendo, creó en Cartagena la Fletadora Murciana, empresa consignataria de buques. (Por cierto que me contaba Constantino Molina, de la imprenta, que un exportador de Abarán enviaba las cartas a esta empresa dirigiéndolas a la Señora Doña Fletadora Murciana). Gestionaron en Madrid y consiguieron que todos los buques españoles o extranjeros que tocaban Cartagena para cargar mineral, debían tomar un diez por ciento de su peso en frutas españolas. De estos buques que despachaba la Fletadora, unos llegaban a destino y otros desaparecían tragados por el mar. Pero los que llegaban a puerto ofrecían grandes beneficios, más que suficientes para cubrir las pérdidas de los que se perdían. Cuando en noviembre de 1918 se firmó el armisticio, en un vagón de ferrocarril en Compiegne, Nicolás había acumulado ya una fortuna considerable.
Sin embargo, hay que tener en cuenta que esta fortuna que ya estaba prácticamente hecha en 1922, no se basó sólo en la exportación de fruta en fresco o las conservas, sino que Nicolás diversificó sus actividades y supo invertir en otros campos como la bolsa, el mundo inmobiliario, fábrica de electricidad, etcétera, demostrando siempre una gran visión de futuro. Haciendo referencia al ámbito inmobiliario, tanto en Murcia, como en la capital de España, supo comprar en lugares que se han ido revalorizando de una manera pasmosa.
Tenía algunas normas que no quebrantaba y una de ellas era el no hacer sociedad con nadie, y parece ser que nada menos que Juan March, le ofreció ser su socio, pero Nicolás se negó. Igualmente se le ofreció comprar el Hotel Palace, que era su casa en Madrid, pero no quiso. Sus estancias en el Palace han estado siempre rodeadas de un cierto aire legendario, pero lo que sí es cierto es que todos los empleados del hotel disputaban por atenderlo.
Otra de las normas que tenía, especialmente en lo inmobiliario, era no vender nada. Me cuenta Villalba que, en una ocasión, fue a comprarle un terreno de oliveras en el Portichuelo, hoy la Garita, un antepasado mío, que trabajaba con él haciéndole las obras de albañilería. Nicolás, que lo apreciaba, ante la insistencia, le dijo:
- No te lo vendo, pero si quieres las oliveras, son tuyas.
Lo cierto y verdad es que tenía un olfato finísimo para los negocios, y era muy difícil engañarlo. Me cuenta Carrascás que, a poco de comenzar a trabajar con él, cosa que ocurrió en el 42, le manda a tasar unas mandarinas. El le dice que nunca había tasado y Nicolás le responde que no importa. Llega a la huerta y se encuantra con el tasador que ya las había tasado y le había dicho a Nicolás la tasación. El tasador le dice a Carrascás que no se preocupe y le dice la cantidad de kilos que debe decirle a su jefe para acertar aún más que él. Y, cuando le comunica a Nicolás su cálculo, este le dice:
- Te has aproximado
Y no le comenta nada más. Pero, al poco tiempo, le oyó comentar a Nicolás:
- Una vez mandé a tasar mandarinas a uno y me dio la tasación mejor que el corredor pero yo tengo la idea de que iba advertido.
Carrascás se dio cuenta de que su jefe, sin decirle nada, había sospechado de su acierto. Y es que, nos dice, no se le escapaba una.

A esa gran inteligencia para los negocios hay que añadir un rasgo fundamental, su formalidad, el cumplimiento de la palabra. Es verdad que no poseía una gran cultura, pues no tuvo de pequeño muchos medios para ello, pero lo suplió con su extraordinaria agudeza. Me contaba D. Pedro una anécdota y es que una vez alguien que le vio firmar a él le dijo:
- Tú nunca tendrás dinero, porque firmas muy rápido, ¿no ves cómo firma Nicolás
Y es que parece ser que nuestro personaje tardaba media hora en firmar.


Tras este esbozo de su actividad empresarial, pasamos a desarrollar su otra gran característica, su sensibilidad social, que le precisaremos en dos niveles: en el ámbito laboral y en el municipal.

En relación con el mundo laboral, es decir, en las relaciones con sus trabajadores, la opinión de todos los que le conocieron es muy positiva. Me ha llamado la atención el que los que trabajaban con él no hablan de que trabajaban en la empresa de Nicolás sino en la “casa”. No fue en Nicolás incompatible el beneficio económico con la atención y protección a sus empleados.
Es verdad que se preocupaba por sacar el máximo rendimiento a sus productos, pero, junto a ello, su gran obsesión era que no les faltara trabajo a sus obreros.
Es muy conocida una anécdota que tiene varias versiones pero cuyo fondo es siempre el mismo: la preocupación por sus empleados.
En una ocasión, llega al almacén y se encuentra con que no están trabajando, siendo la época de las naranjas. Le pregunta a uno de los escribientes y este le dice que han parado porque se está perdiendo dinero. Nicolás pregunta que cuánto se pierde por caja.
- Unas tres pesetas – le responde
- ¿Cuántas cajas se hacen al día?- le espeta Nicolás
- Unas cien cajas
- ¿Y cuántos días quedan de faena?
- Quince días aproximadamente- dice el escribiente
- Quince días por trescientas pesetas son 4.500 pesetas. ¿Y por 4.500 pesetas se están quedando sin jornal tantas familias? Avisa a la gente y mañana a trabajar.

Ý es que Nicolás trabajaba a veces sabiendo con seguridad que iba a perder, pero se resistía a tener a sus obreros sin el salario. En una ocasión, haciendo granadas, le dijo a una de las empleadas.
- ¿Ves el puro que me estoy fumando? Pues no ganaré con esto para poder pagarlo.

En la víspera de Nochebuena, acostumbraba a dar un duro de plata a cada uno de sus obreros. En una ocasión, cuando volvió de Madrid, pues él pasaba gran parte del año en la capital, uno de los escribientes le dice que le había ahorrado muchos duros ese año. Nicolás le pregunta que cómo había sido y este le dice que no había repartido ese duro a los empleados. Nicolás se lo recrimina y le manda llevarle a cada uno casa por casa el duro.

Por último, no podemos dejar de hacer referencia a la gran cantidad de personas que a él le deben el poder disfrutar de un subsidio en su vejez. Yo siempre había oído que mucha gente había podido cobrar sólo por haber trabajado un día en “ca” Nicolás antes de la guerra. Era algo que me extrañaba pero ya Villalba me lo explicó y es que el día 1 de septiembre de 1939 sale una ley que dice que todo aquel que tenga una sola cotización antes de esa fecha, cotizaciones que se enmarcaban en lo que se vino llamando el Retiro Obrero, invención de Primo de Rivera, tenía derecho al subsidio de la vejez. Y, como en esa empresa se cotizó por todo aquel que trabajó aunque fuera un solo día, muchos abaraneros, especialmente abaraneras, vieron las puertas abiertas cuando apareció ese cartón que atestiguaba su trabajo en la empresa. Esta es una de las grandes obras de Nicolás, tan importante como las obras materiales que se realizaron a sus expensas. A esto sí que se le puede llamar sensibilidad y justicia social.

Pero su generosidad traspasaba el ámbito de su empresa y alcanzaba a cualquier necesitado. Y cruzarse con Nicolás era saber que tu necesidad iba a ser aliviada. Me dice Villalba que muchas veces, cuando Nicolás venía de Murcia, se bajaba del coche en la Garita para bajar dando dinero a los pobres que se encontrase. También es muy conocida y con varias versiones una anécdota muy ilustrativa en este sentido. Una de estas versiones dice que acostumbraban a esperarlo cerca de su casa unos pobres para hacerse encontradizos con él. Nicolás siempre los atendía. Un día una persona próxima a él le recriminó que por qué le daba tanto si ya les había hecho el asilo; este los llamó y les dobló lo que les dio en un principio, y, como siguieran reprochándoselo, dijo:
- Si sigues así, les doy hasta la Central.

Otra anécdota curiosa recoge la escena de Nicolás paseando por su calle. Como ya en los últimos años de su vida, perdió la vista, necesitaba a alguien que lo guiara. Y él iba andando por la acera. Pero, como los viernes era día de mercado, esta se veía, a veces, interceptada por algunos productos de los puestos de venta. El se empeñaba en pasar aunque rompiera algo. Y, una vez realizado su paseo, mandaba que los vendedores pasaran a cobrar la mercancía rota. Estos se encontraban con la sorpresa de que les pagaba mucho más de lo que valía la mercancía estropeada.

Era, pues, Nicolás un hombre muy generoso, pero con una generosidad elegante, sin ostentación, y todas las obras benéficas que hizo las conocemos por otros, pero nunca por él ni por su familia, pues esta ha sido siempre muy discreta y nunca ha hecho bandera ni exhibición de las virtudes de su antepasado. La discreción ha sido y sigue siendo norma de “la casa”.


En el último apartado de esta charla, vamos a tratar sobre la sensibilidad social de Nicolás en el ámbito municipal, es decir, las obras que contribuyeron al desarrollo o mejora de nuestro municipio en todos los sentidos. Y se pueden establecer cuatro apartados: el alumbrado, la red de agua y alcantarillado, el Asilo y la Ermita.

En relación con el alumbrado, en nuestro pueblo el día uno de diciembre de 1896, siendo alcalde Domingo Gómez del Seco, se inaugura el servicio de alumbrado público eléctrico. José David Molina, en un artículo publicado en La Noria, lo define como “un alumbrado rudimentario cuyas luces habían de ser encendidas una a una al atardecer, mediante una pértiga que el encargado había cambiado por las escaleras de los faroles. Lámparas de 16 bujías que apenas aportarían lúmenes suficientes como para no tropezar con las aceras recién construidas. En 1900 el alumbrado llega a la Calle Colón, entonces camino de Templado, y al Portichuelo, en la entrada del pueblo”.
El servicio se contrató con D. Juan Marín Marín de Cieza, que tenía una máquina en el Menjú, por un plazo de doce años. Con el paso del tiempo, las necesidades de la población son mayores y de vez en cuando aparecen en los libros de actas capitulares quejas del municipio por deficiencias en el servicio.
Como ejemplo de ello, el dos de febrero de 1912, el entonces concejal Valentino llama la atención sobre, cito literalmente, “la escasez de fluido que se suministra para el alumbrado público resplandeciendo este en la actualidad mucho menos que cuando el servicio se realizaba con petróleo y con la mayor economía. El Ayuntamiento, como medida provisional, acordó que el señor alcalde se dirija al gerente de La Eléctrica del Segura, con la que se halla contratado dicho servicio, interesándole la reposición general de las lámparas modernas y el suministro de mayor cantidad de fluido”.
Las deficiencias, sin embargo, continuaban y el Ayuntamiento, como apunta nuestro compañero José David en el artículo antes citado, estudia la posibilidad de municipalizar el servicio, para lo cual se compraría el molino de las Pilas en el Parque, transformándolo en central eléctrica. Pero entra en escena Nicolás y el Ayuntamiento abandona ese proyecto. Nuestro personaje construye la Central y en 1923 se le adjudica el servicio del alumbrado. Con fecha 3 de noviembre, cumpliendo el encargo que se les confirió en la sesión de 27 de agosto último, los señores alcalde y síndico, presentaron el pliego de condiciones bajo las cuales puede contratarse con D. Nicolás Gómez Tornero el servicio de alumbrado público durante el plazo de doce años y por cuatro mil pesetas cada anualidad. El 10 de diciembre se reduce el plazo a cinco años. Y el 27 de diciembre de 1929 se eleva la cantidad a 6.000 pesetas por haberse instalado varias luces en diferentes sitios de los ensanches o extramuros de la población. Precisamente Nicolás, que era del Partido Liberal, alega este motivo de estar directamente interesado en la contrata de la luz para no aceptar el cargo de concejal en 1930, siendo alcalde José Templado Sánchez, “Pepe Juan”
“La Eléctrica de Abarán” se mantiene hasta 1971, en que la empresa suministradora fue Hidroeléctrica Española.

Fueron, por tanto, casi cincuenta años de prestar al pueblo este imprescindible servicio y en el tiempo en que vivió Nicolás, y también después, nunca se le cortó el fluido eléctrico a ninguna persona que no tuviera medios para poder pagar. No concebía, por tanto, Nicolás esto sólo como un negocio buscando el beneficio económico, sino también como un medio para poner a prueba la solidaridad con los más desfavorecidos y como un medio de desarrollo de su pueblo.

Por cierto que, en torno a la construcción de la Central, se cuenta una anécdota que parece ser que no fue cierta. El proyecto era, como se puede suponer, muy importante y costoso en aquel tiempo. Superaba los dos millones de pesetas y se encargó de realizarlo una empresa belga, que desplazó hasta nuestro pueblo un equipo técnico para el estudio y posterior realización.

Estos hombres, conscientes de la importancia de la obra, dudaron en algunos momentos de las posibilidades económicas de Nicolás para poder hacer frente a la obra. Y nuestro personaje, sin inmutarse, los invitó a entrar a su casa de Abarán. Allí les abrió la tapa de un arca antigua y estaba abarrotada de lingotes de oro.

AGUA Y ALCANTARILLADO

ASILO
La tercera gran obra de dimensión municipal que realiza es la construcción del Asilo, hoy Residencia Santa Teresa.
La historia del Asilo venía de largo y además mezclada con bastante polémica.
En dos periódicos locales de principios de siglo y de tendencia muy diferente, “En Marcha” y “Gente Alegre” hemos encontrado en Mayo de 1909 referencias a este tema. Parece ser que, a finales de abril, ,
se convocó una reunión en la Cámara Agrícola para tratar sobre la construcción del Asilo, que el cura quería llevar a cabo utilizando el solar lateral de la Ermita. Se trataba de uno de los curas más polémicos que ha habido en nuestro pueblo, el cura Candel, que quiso poner algunas cosas en su sitio,
Esto contaba, por lo que leemos, con muy pocos apoyos. Y, en el periódico “En Marcha” leemos lo siguiente el 2 de mayo de 1909:
“A cualquiera de le alcanza que aquí esa idea es absolutamente innecesaria (...). aquí todos el mundo hasta que la extremada vejez y los achaques se lo impiden, se gana la vida con su trabajo, aunque sea en la fabricación de esparto que bien poco esfuerzo necessita, de modo que sólo verdaderamente pueden haber por término medio, tres o cuatro pobres de solemnidad.”
El periódico, profundamente anticlerical, sigue afirmando que sólo serviría para mantener a las cuatro o cinco hermanitas “que desempeñarían o aparentarían desempeñar sus funciones, pues ni habría pobres ni con qué mantenerlos, y los gastos de su manutención serían una merma para los pobres de la localidad”
En ese mismo número el Director le envía al cura una carta abierta en la que, entre otras cosas, le dice:
“Está usted equivocado; ya hace tiempo conoce mis ideas con respecto a la religión y, por tanto, no debía extrañarle que, bajo mi responsabilidad, publique cuanto concierne a combatir la construcción de dicho establecimiento, por saber de sobra que no tiene otro objeto que traer dos, cuatro o seis monjitas, para dedicarse a la enseñanza de niñas (que nunca serían las mías) y, de este modo, inculcarles las ideas religiosas que no sirben más que para fanatizar y embrutecer los cerebros”.
En el periódico “Gente Alegre” se afirma lo siguiente sobre el tema:
“En el paseo de la Ermita se ha empezado la construcción de un asilo, después de organizada por el sr. Cura una Junta a su capricho(...). Después empezó por comenzar los trabajos en el sitio arriba indicado y demostraremos que es una falta de razón. En primer lugar, porque se carece por completo del agua y, en un asilo hospital, nos parece que es algo más que necesario para el aseo e higiene del mismo. Después, el edificar en tal sitio es una falta de caridad. ¿Qué dirán los inválidos, los menesterosos, los abandonados de la fortuna, cuando vean recorrer aquellos sitios a los que sienten ganas de divertirse, al reverso de la medalla, digámoslo así?. ¿No es eso ponerles de manifiesto a los asilados su miseria? Pero y cuando haya enfermos de gravedad y la banda de música deje escapar sus notas para el recreo de los demás, ¿no es eso una inhumanidad, además de que, en algunos casos, es necesario un silencio absoluto cerca del enfermo? ¿es que se quiere suprimir el paseo?”

Hay que tener en cuenta que ya en este tiempo la Ermita empieza a alcanzar ya ese protagonismo lúdico que la caracteriza, especialmente a partir de 1901 cuando se instala la feria allí por vez primera. A casi cien años vista, desde luego, con permiso del cura
Candel, nos parece la que Ermita no era el lugar más adecuado. Menos mal que nunca se llegó a hacer realidad su plan.
Pero el tema del Asilo no termina aquí.

En 1914, siendo ya alcalde Valentino, sensible siempre con los más desfavorecidos, con poco más de un mes en el cargo, propone comprar una casa sita en la calle Iglesia, número 9, junto a la Parroquia por el atrio, por el precio de 2.500 pesetas para crear un Asilo. Se compra esta casa y empieza a funcionar lo que se llamaría “El Refugio de los Pobres”. El 15 de marzo de 1924 se lee en la sesión plenaria :
“Expuso el Teniente Alcalde sr. Montiel que la casa número 9 de la calle Iglesia, titulada El Refugio de los Pobres, donde se albergan los que son de solemnidad, ancianos impedidos que carecen de vivienda y cuyo edificio es del municipio, se encuentra ruinoso y por tanto inútil por completo para el servicio a que se destina, pues en los días de lluvias abundantes los pobrecitos que lo habitan se ven precisados a desalojarlo y albergarse en las casas de los vecinos inmediatos, y en virtud a que con el valor de dicho edificio y los donativos que hicieran las clases acomodadas de la localidad, podría construirse una casa en condiciones higiénicas para destinarla al servicio benéfico, propone que se enajene la referida casa número 9 de la casa de la Iglesia”.
El Ayuntamiento acuerda que se comience el expediente para la enajenación.

Al año siguiente, en la sesión celebrada en 30 de septiembre, se estudia la cesión gratuita hecha por D. Antonio Arias Mascaraque de unos terrenos que tiene en el Barrio Levante para la construcción de una casa –asilo de pobres y ancianos o niños desvalidos. El Ayuntamiento acepta la donación y se faculta al alcalde, D. José Templado Tornero, para que haga la escritura.
Evidentemente este proyecto no se llevó a efecto. Pero la necesidad seguía y en 1933 el Ayuntamiento decidió realizar una suscripción pública para conseguir fondos para ese fin. Las cantidades recaudadas fueron tan exiguas que el proyecto se estancó y amenazaba con arrinconarse en el olvido.

Surgió entonces la iniciativa de un maestro de escuela, D. Antonio García Candel que presentó un proyecto y solicitud para construirlo a sus expensas. Estaba claro que este hombre tenía detrás a Nicolás. Una vez aceptado por el Ayuntamiento el ofrecimiento, depositó Don Nicolás el importe de las obras en una cuenta corriente abierta a nombre del Sr. García Candel por la cantidad presupuestada. Y el Asilo se construye y se inaugura el 1 de marzo de 1935, siendo regentado por las monjas Carmelitas, a cuya cabeza estaba la Madre Teresa y que tenía entre sus monjas a una mujer que dejó huella profunda en el pueblo, la Hermana Victoria Carretero. Estas monjas forman parte del paisaje de nuestro pueblo hasta 1994, fecha en la que las últimas hermanas dejan la Casa con destino a Orihuela. En todo ese tiempo ancianos, pobres e impedidos fueron tratados, y siguen siéndolo, son todo cuidado y cariño. Pues en la raíz y base de esa obra está Nicolás Gómez.

ERMITA
Y la cuarta gran obra de proyección social en nuestro pueblo es la Ermita de los Santos Médicos. Pero, justo es también citar, también dentro del ámbito religioso, la reconstrucción de la torre de la Parroquia, tras su destrucción en la Guerra Civil, también a expensas del bolsillo de nuestro personaje.
Pero, ciñéndonos a la Ermita, no cabe duda de que se ha convertido con el paso del tiempo en el mejor símbolo y emblema de Abarán. Es nuestro edificio más singular y conocido. Es una de nuestras mejores señas de identidad. Pues también detrás de ella está la figura de Nicolás.

El, con su figura esculpida en bronce por las manos de José Planes, la contempla frente a frente y es el testigo mudo de todos los avatares que se suceden en torno a ella. El ve cada año salir los Santos en procesión, en esa procesión que nunca quiso perderse, pues, aunque pasaba los veranos fuera del pueblo, siempre volvía para el 26 de septiembre. El oye su campana, esa campana cuyo sonido llama a la fiesta y nos enlaza con todos los que han vivido en este rincón del Valle.

Es un hecho conocido que la anterior Ermita, que databa de 1839 y que ya era la segunda construida en ese paraje desde el siglo XVI, fue destruida durante la Guerra Civil. Ese edificio no se encontraba en muy buenas condiciones y, en la sesión plenaria de 27 de diciembre de 1929 el Ayuntamiento, después de la visita que gira el Arquitecto Provincial, D. Pedro Cerdán, acuerda, cito literalmente, “que se suspenda la celebración de la Santa Misa y demás actos del culto religioso en el expresado edificio y que con el profundo sentimiento del Concejo se comunique así al Reverendo sr. Cura Párroco con el fin primordial de que cese el estado de alarma que ha cundido entre los fieles de la Parroquia de su digno cargo”.

Suponemos que se harían algunas reparaciones de urgencia para mantenerla más o menos decente, hasta que fue destruida en la Guerra. Los Santos Médicos, a los que tanta devoción sentía Nicolás, vueltos al pueblo tras ser restaurados en Murcia, han perdido su casa y quedan en la Parroquia. Nicolás no podía quedar insensible a esta situación y en 1950 comienzan las obras de una nueva Ermita, Ermita que no era para salir del paso, sino proyectada con gran ambición. Seguramente a Nicolás le movió para hacerla, además de esa devoción a los santos, el hecho de que su padre también colaborara en las obras de la antigua. Así lo recoge Guillermo de Caniquí en su libro Eminencias Ocultas, en un poema en el que le pide a Cosme y Damián un milagro, que Nicolás recupere la vista: Dice así, dirigiéndose a los Patronos:
Sois los doctores benditos,
que animáis en la desgracia
sin medicina ninguna,
que es de vosotros la gracia.
Los jefes sois en la villa
que en procesiones llevamos
con amor sublime y bello,
y, además, porque os amamos.
Por eso el año cincuenta
una ermitita os hicieron,
y el año ochenta y cinco
la agrandaron y la enlucieron.
Y José Gómez “Coquino”,
hombre de gran devoción,
donó ochenta y cuatro reales
para hacer un paredón.
Vino después el hundimiento,
como se sabe y se dijo,
y gasta más de un millón
en hacer otra nueva el hijo.
Por eso, a los santos buenos
pido un milagro le hiciera
que, inaugurando la iglesia,
la vista al hombre volviera.
Pues siendo su fe tan grande
por San Cosme Y San Damián
que a su fiesta no ha faltado,
ni una vez en Abarán.

Aquel entrañable ajetreo

AQUEL ENTRAÑABLE AJETREO
Siempre es difícil encontrar un tema que te sirva de base para escribir el artículo que la Junta de Hermandades te solicita cada año para este libro que ya se va convirtiendo en algo tan esperado como el Programa de Festejos en septiembre. Y es que la edición de ambas publicaciones ya no puede faltar ni en nuestra Semana Santa ni en nuestras fiestas septembrinas.
En relación con la Semana Santa en todo el orbe cristiano, es, sin duda, la semana más intensa de las cincuenta y dos que, según nuestro calendario, configuran el año.
Y esa intensidad se capta especialmente en la calle con esos desfiles procesionales y el resto de actos que jalonan esos días y que hacen que las calles y otros recintos sean el marco para que imágenes, sones, gentes den vida a una tradición tan entrañable como nuestra.
Pero en este artículo quisiera hacerme eco de la intensidad que suponen estos días no ya fuera del templo sino dentro del mismo. Pues, al igual que esos desfiles y otros actos, suponen un ajetreo, una infraestructura, unos preparativos que llevan de cabeza a mucha gente, también en la iglesia, de puertas para adentro, siempre se han vivido estos días con una especial vitalidad.
La realidad es que ya este ajetreo se aprecia cada vez menos, pues hay que reconocer que la “aparatosidad” litúrgica que llevaba consigo el desarrollo de la Semana Santa ya ha desaparecido prácticamente y ya las ceremonias dentro de la iglesia se llevan a cabo de una manera más sencilla, no sé si para bien o para mal.
Pero la imagen de la iglesia (con minúscula) durante esta Semana y de sus días previos hace años era la de un ajetreo continuo, de un ir y venir no sólo de los curas sino de los que colaborábamos en la vida de la Parroquia. Y eso que yo ya recuerdo sólo los últimos coletazos de esa intensidad que se vivía de puertas para adentro.
Y, a pesar de ello, ya viví, entre otras cosas, el templo con los paños morados cubriendo las imágenes hasta que llegara el momento de la Resurrección.
Pero no cabe duda de que era el montaje del monumento para el Jueves Santo una de las actividades que más ajetreo suponían en estos días. Y no sólo por colocar el sagrario, con sus escaleras para llegar hasta él, o las cortinas o las flores (que eso aún se sigue haciendo), sino, sobre todo, por las velas que lo iluminaban. Porque en los días previos la sacristía eran un trasiego de gentes a las que había que anotar las velas que encargaban para el monumento, y que eran de varios tipos, con la complicación además de que luego había que devolverle el cabo de vela al desmontarlo. Ello exigía, además, que durante la noche del Jueves Santo, hubiera que cambiar las velas (que eran decenas) antes de consumirse del todo. Ese trasiego durante los días previos hacía que la iglesia fuera un hervidero de gente, porque no hay que olvidar que los confesionarios estaban atendidos durante casi todos esos días previos al Jueves Santo. Y, por si faltara poco , los tronos de la Virgen y del Señor que se arreglaban en la iglesia y que permanecían allí semanas y semanas después del Domingo de Pascua. Y, entre las mujeres que iban a llevar o encargar las velas, las que iban a confesar, los que arreglaban los tronos, en la iglesia en estos días nunca se aburría uno. Y en el fondo de todo este ajetreo y movimiento, algunas personas con nombres y apellidos. Y en los años de mi infancia y adolescencia, hay nombres inolvidables; el primero, don Juan Sáez, que estaba siempre atento a que no faltara ningún detalle en la liturgia, desde las vinajeras que había que limpiar bien hasta esa campanilla con tablillas de madera que se tocaba en Jueves Santo durante la consagración porque hasta la resurrección no podía tocarse la tradicional, pasando por la jarra con el agua caliente que me parece recordar que siempre se traía de la casa de Cano en las cuatro esquinas. Y, junto a Don Juan, otros nombres propios que, estando todo el año al quite en todo lo que en la iglesia hiciera falta, durante estos días, su colaboración era aún más solicitada: Joaquinín de la Vejez y Augusto Puche. Uno dejaba su carpintería tan cercana providencialmente a la iglesia y el otro, su tienda en la Plaza para estar atentos a lo que Don Juan les pidiera, teniendo a veces que poner a prueba su imaginación y sus mañas para complacerlo. Y, junto a ellos, una mujer que en estos días aún intensificaba su ritmo de hacer formas (las hostias para la comunión), labor a lo que se dedicaba todo el año, Isabel de Vargas, una mujer que, en el silencio y en la discreción, ha sido pieza importante en la parroquia. Alrededor de ella, nosotros, los monaguillos, esperando los recortes de aquellas sabrosas planchas finas para comérnoslos.
Los preparativos para los Oficios del Jueves Santo, con el lavatorio incluido (para el que siempre faltaba alguien); la intendencia para el Desenclavamiento del Viernes Santo (por desgracia desaparecido); la infraestructura para la vigilia pascual (empezando por la preparación de la leña para la lumbre), todo ello creaba alrededor de la iglesia un cúmulo de vivencias, de relaciones, en definitiva, de calor humano que hoy, cuando ya nos hemos quedado con lo mínimo, se echa en falta. Hoy la iglesia está mucho más calmada, ya no hay ese trasiego que llevaba también consigo su ruido y su cierto desorden, pero quizás el Señor lo prefiera a este orden y esta soledad que contempla ahora desde su sagrario.
Porque, llegados a este punto, y, pasando de ese ajetreo superficial a una reflexión trascendente, habría que plantearse si esa “desnudez” litúrgica a que se ha llegado, sacrificando tantos elementos “escenográficos” y coloristas, en aras de una mayor “autenticidad”, ha contribuido a mantener a esos fieles que llenaban nuestros templos o ha sido un componente más que ha colaborado en esa deserción tan importante que estamos viviendo hoy en nuestras iglesias.
JOSE S. CARRASCO MOLINA
(Programa de Semana Santa 2005)